22 / ene / 2013 - Dani Ruiz (@daruiz03).
Haciendo balance del retroceso social, económico, educativo, sanitario, político y laboral que vivimos desde hace algunos meses he llegado a la conclusión de que el 15M estaba equivocado en aquel eslogan o consigna que hablaba de la "dictadura de los mercados". En la actualidad dicha dictadura no existe únicamente en el ámbito mercantilista sino en absolutamente todos los ámbitos de nuestro entorno.
Hay quien considera que la palabra fascismo tal vez no venga tan grande como calificativo para describir la dura situación que atravesamos. La RAE define el fascismo como:
1. m. Movimiento político y social de carácter totalitario.
Los amigos de la banca coloquialmente conocidos como políticos bipartidistas, nos tienen sometidos a un régimen enmascarado en forma de democracia -risas- donde el pueblo soberano -risas- tiene la última palabra -más risas-. Ironías a un lado, la actualidad política que atraviesa España puede ser comparada totalmente con el inicio de cualquier régimen fascista donde el obrero vuelve a convertirse en una máquina de producción sin importar condiciones laborales ni económicas, donde los jóvenes son explotados por sueldos precarios y donde la libertad de expresión sirve solo para decir lo que el sistema capitalista quiere escuchar.
Vivimos una situación de regresión con una sociedad repleta de corruptos, problema que se ve agravado cuando la corrupción invade la política. Aquellos que dicen representarnos meten indiscriminadamente la mano en el saco del pueblo, no siendo solo no condenados sino que además son merecedores de puestos como altos directivos y ejecutivos en multinacionales y entidades del sector bancario. ¿Donde está la dignidad? ¿Cómo es posible que quien robe para comer -igualmente esta mal pero puede tener cierta justificación moral - sea encarcelado y por el contrario aquel que roba para enriquecerse asciende profesionalmente, yéndose impune?
Por otro lado, las manifestaciones que tímidamente se suceden por el territorio nacional de tanto en mucho para mi gusto, ponen cada vez más nervioso al sistema capitalista avalado por la clase política. La indignación y el malestar social no son fruto de las malas gestiones familiares como algunos inhumanos nos han querido hacer ver, sino que son únicamente producto de la mala gestión política de aquellos que quisieron que viviésemos por encima de nuestras posibilidades y de los que no quisieron reconocer que el fango comenzaba a llegar a las puertas de los hogares. Resumiendo podemos atribuir la culpa de todo esto a los partidos capitalistas -PPSOE- que se escudan tras las grandes cadenas informativas que manipulan y entonan la información real de acuerdo a sus intereses.
Asimismo la libertad de prensa y comunicación ha desvariado en un complejo entramado de falsedades, dimes y diretes que enturbian la visión del ciudadano frente al derecho de opinión y libertad ideológica. ¿Existe realmente libertad de prensa? Que se lo pregunten a la revista cómico política de El Jueves, multados por una caricatura. Si realmente vivimos en democracia, los medios de izquierdas -cada vez más escasos- no deberían ser tan perseguidos, silenciados y criminalizados por emitir opiniones contrarias a la de los líderes políticos. ¿Es esto justo? o ¿a caso la justicia está de duelo?
El pueblo tiene la llave hacia la solución. No es cuestión de iniciar un periodo de revueltas violentas propias del siglo XX sino de rebelarse desde la moral y cambiar el sistema que el mismo hombre ha creado para que aquello que es de todos no sea manejado por sólo unos pocos. Los poderosos tienen miedo a que el ciudadano de a pie pueda despertar y alejarse del rebaño para comenzar a movilizar a las masas.
Si esto no es fascismo, que baje Dios y lo vea ... o mejor que ni baje, que será uno más para alimentar.
Seamos el problema del capitalismo. Despierta y rebélate.


2 comentarios:
Muy buen texto. Verdades como puños, de esas que duelen porque ves que a lo mejor uno no hace todo lo que debiera.
Gracias Raúl. Estamos llegando a una situación de insostenibilidad absoluta donde el pitorreo institucional es continuo hacia la sociedad. O caminamos hacia la democracia o nos condenarán a la oligarquía.
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