El Muro de Berlín, de “franja de la muerte” a galería de arte al aire libre


3 / dic / 2012 - Diego Bayón (@Diego_Bayon). 

Desde 1961 fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría. Una pared de hormigón de 3,6 m de altura que separaba en dos la ciudad de Berlín: el lado oriental y el occidental. Una frontera de 45 kilómetros que durante buena parte del siglo XX mantuvo dividido al país. A lo largo de los 28 años de existencia del muro se contabilizaron alrededor 5.000 fugas a Berlín Occidental. No todos lo consiguieron: 192 personas murieron por disparos mientras intentaban cruzarlo y otras 200 resultaron gravemente heridas. 

Posiblemente, el intento de fuga fallido más destacado fue el de Peter Fechter, que intentó cruzar el muro junto a su compañero Helmut Kulbeik. Fechter fue tiroteado y perdió la vida desangrado el 17 de agosto de 1962. Su compañero, Kulbeik, consiguió pasar al otro lado. Cuando se cumplen 50 años de la muerte de Fechter, hemos recorrido con una cámara el tramo que todavía se conserva de “la Barrera Antifacista” o “la Franja de la Muerte”, según el lado desde el que se mirase la pared. 

El 9 de noviembre de 1989 caía el Muro. Sin embargo, él que había sido conocido durante años como “muro de la vergüenza”, consiguió renacer de sus cenizas años después. En 1989, solo un año después de su caída, decenas de artistas de más de 21 países convirtieron un tramo del “muro interior” en la mayor galería de arte al aire libre del mundo. 


Con sus pinceles y sprays en la mano lograron transformar lo que hasta entonces solo era una pared gris de cemento, en un gran lienzo lleno de luz y color. Desde entonces, la zona del muro situada en la Mühlenstrasse, en el distrito de Friedrichshain de la capital alemana, se conoce con el nombre de “East Side Gallery”. Una zona de Berlín que se ha abierto su hueco en las rutas turísticas y que cada vez se acerca más gente a conocer. 

Pero, ¿cómo surgió esta iniciativa? Una mañana de verano, el artista chileno Cesar Olhagaray abrió el periódico y encontró entre sus páginas una convocatoria que pronto suscitó su interés. El texto animaba a los artistas de la ciudad a unirse a un innovador proyecto: dar una segunda oportunidad al Muro de Berlín pintando murales a lo largo de sus grises paredes. Sin pensárselo dos veces, este artista plástico, víctima de la dictadura de Pinochet en su Chile natal, se puso en manos a la obra y se interesó por participar en el proyecto. 


Cesar es uno de los pocos artistas hispanohablantes que participó en la “renovación”. Solo uno más del total de 100 artistas que se dedicaron a dar forma y color, durante semanas, a esta obra artística, colectiva y espontánea realizada a pie de calle. “Siempre me he sentido un observador permanente de la sociedad”, afirma el artista. “Son todos esos pensamientos, los que luego traduzco a imágenes plásticas en las que todo se mezcla con todo indiscriminadamente”, ilustra. 

Precisamente, fue este el procedimiento que siguió para componer su parte del muro. “En mi obra, los árboles tienen forma de hormigón, las cabezas son pantallas de ordenador y los protagonistas son seres mitad humanos mitad máquinas. Es esa mi forma de plasmar la realidad en el mural”. 


Después, el paso del tiempo, la contaminación y los graffiteros hicieron estragos en los murales. Y por eso, recientemente se decidió restaurar todas las obras de la East Side Gallery. Los propios artistas que 19 años atrás habían pintado el Muro, fueron los encargados de restaurar, una a una, todas las obras que habían quedado en ruinas. A lo largo del verano de 2009, durante ese proceso de restauración, Cesar recuerda como muchos de los turistas que se acercaban a visitar la East-Side Gallery le comentaban que encontraban su obra demasiado apocalíptica. 

Pero para Cesar, el principal triunfo de la East-Side Gallery consiste en plasmar más de 100 visiones emotivas, que se complementan entre sí y que muestran las impresiones de los artistas de la época. “Por el momento histórico en el que fue concebido el proyecto, yo creo que hablamos mucho más que del muro en sí mismo. Las obras de la East Side Gallery simbolizan la libertad y los derechos humanos, los sentimientos del pueblo alemán durante ese preciso momento histórico. Nosotros, los artistas, al fin y al cabo nos dedicamos a documentar emociones”, concluye.

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