15 / nov / 2012 - Rebeca Arroyo (@rebearroyo).
España, 8 de noviembre de 2012: "Iberia anuncia un recorte de 4.500 empleos, el 27% de su plantilla", "Rescatado un bebé y otros 14 inmigrantes de dos pateras en el Estrecho", "Una mujer se suicida en Barakaldo cuando iba a ser desahuciada", "Imputado por financiación ilegal el presidente de Parlamento balear"...
Ante semejante aluvión de pésimas noticias, los ciudadanos españoles vivimos en una especie de letargo, no sabiendo sí recurrir a los Santos -como algunos de nuestros más ilustres y beatos ministros-, escribir la carta a los Reyes Magos -que con un poco de suerte se acuerdan este año para bien de los díscolos países del Mediterráneo, que el carbón ya nos lo dejan otros envuelto en nuevas exigencias de austeridad- o confiar en las teorías que afirman que la economía es cíclica y que a una fase de contracción le sigue a su vez una de expansión.
Así, hemos pasado de ser una sociedad indiferente, cuando pensábamos, ilusos de nosotros, que la CRISIS de verdad, esa que se escribe con mayúsculas y provoca escalofríos y desasosiego, solo afectaba a las clases más desfavorecidas, a los ciudadanos de baja extracción social o cultural, a ser una sociedad anestesiada que, aunque no es inmune a las desgracias, ha asimilado que vive en un país con una tasa de paro del 25%, en donde familias con niños se ven despojadas de todos sus bienes, una población que vive a merced de los "mercados" y de los especuladores, quienes cuando suman dos más dos les salen cinco a base de robar seis.
Lo que resulta paradójico es que a día de hoy los gobiernos son incapaces de salvar a los ciudadanos de los desahucios, de los EREs, de la indigencia y de la desesperación pero pueden, eso sí, aportar millones de euros para rescatar a entidades financieras en quiebra debido a la nefasta gestión de sus bien nutridas cúpulas directivas, que esas también, recordarlo nunca viene mal, han vivido "por encima de sus posibilidades". A este respecto, y este es sólo un ejemplo, un informe de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) mostraba hace un par de semana como la banca acaparó en 2010 la mayor parte de la ayudas públicas de forma tal que cada ciudadano español residente en el país aportó casi 1.900 euros a sanear dichas entidades.
En su libro 'El precio de la desigualdad' el Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz asegura que el 1% de la población tiene lo que el 99% necesita, lo que hace pensar que parte de ese minúsculo, pero poderoso porcentaje, debe de estar muy concentrado en lograr que dicha situación se perpetúe. Stiglitz advierte que, a pesar de lo que muchos se esfuerzan por hacernos creer, no es cierto que necesitemos un elevado nivel de desigualdad para incentivar a la gente a que trabaje, ahorre e invierta.
Asimismo, desde algunas escuelas económicas y gobiernos liberales nos intentan convencer de que no es necesario controlar los mercados ya que existe una "mano invisible" que sirve para regularlos. A tenor de las catastróficas consecuencias del "buen hacer" de estos entes "etéreos" se ve claramente que esta teoría hace aguas.
En este sentido, Stiglitz sostiene que los mercados no pueden funcionar si no hay una cierta disciplina, si las empresas únicamente se llevan la parte buena de los riesgos, mientras que los contribuyentes tienen que cargar con las pérdidas.
Ante esta aberrante desigualdad, Stéphane Hessel animaba a los ciudadanos a una "insurrección pacífica", un movimiento que, con más o menos acierto se dejó sentir en España con el denominado '15 M' o con su reflejo al otro lado del Atlántico 'Occupy Wall Street'.
Es verdad que se necesita algo más que buenas intenciones para salir de esta profunda depresión en la que se encuentra inmersa España pero no menos cierto es que tener plataformas de denuncia que nos recuerden que la solución no pasa por la indiferencia, ni la insensibilidad, ni, por supuesto, por los santos, magos, ni otras deidades nunca está de más.
Aprendamos de los errores, cuestionemos las medias verdades y la completas patrañas, seamos ciudadanos concienciados y tal vez, sólo tal vez, cuando de verdad veamos esa manida y ya opaca de tan desgastada "luz al final del túnel" consigamos transformarnos en una sociedad más formada y más humana.


2 comentarios:
Muy bueno y muy acertado.
Enhorabuena por el artículo.
Muchas gracias, me alegro que te haya gustado
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