30 / oct / 2012 - Antonio Soriano (@AsorianoGmez).
‘Més que un club’. En numerosas ocasiones el ex presidente del Fútbol Club Barcelona, Joan Laporta, ha manifestado públicamente, en referencia a los enfrentamientos televisivos y cada día más sensacionalistas ‘Madrid-Barça y Viceversa’, que “el fútbol y el deporte en general siempre están politizados”, algo que no le sorprende porque considera a ambos clubs portaestandartes de la identidad de Cataluña y España.
Poner como ejemplo al fútbol en este tema puede ser fácil, oportunista o alejado de una realidad mucho más compleja que el honor de los triunfos deportivos. No obstante, el próximo 25 de noviembre, en las elecciones al parlamento catalán, muchos votarán por una independencia política, económica, cultural y social.
Unos ámbitos en los que está incluido el deporte. Aunque no es una novedad, últimamente los enfrentamientos entre estos dos clubs se están convirtiendo en el mejor escaparate para reivindicar un sentimiento de identidad.
La no oficial estelada está alcanzando el número de samarretes de Messi, Xavi o Iniesta. En pleno enfrentamiento de estilos de juego, goles, faltas, posesión de balón, entrenadores, balones de oro, canteras o valores deportivos, la exaltación de la identidad del territorio alcanza una importancia más que singular.
Todo y que los madrileños no acuden con la roja carmesí de siete estrellas, sí es verdad que ‘picados’ o motivados por la presencia de la senyera, son cada vez más las banderas españolas que se pasean por los campos.
Sobar el debate
Siguiendo con el símil futbolístico llego a imaginar que el fútbol de toque y precisión del Barça, es decir, esa evolución del fútbol total heredado del Dream Team de Cruyff, se asemeja a este pequeño gran sueño independentista.
Es decir, se trata del arte de sobar repetidamente un debate más antiguo que el impasivo hombre del bigote del Camp Nou, para llegar al área rival y dar media vuelta con el objetivo de mantener la posesión e intentar demostrar que una estadística porcentual de 70-30 debería ser suficiente para Madrid.
En el fútbol la monotonía la rompe un pibe argentino pero en el Parlament o sobre las urnas, hasta el momento nadie se atreve a romper esa hucha en forma de elefant blau en la que muchos piensan encontrar el oro de Moscú.
Hablando de números, los de ‘la pela es la pela nen’ alegan que con la aportación del 9% de su producto interior bruto a las arcas del estado su economía sería mejor.
La gestión de sus propios impuestos puede que no llegue a ser suficiente para dar de comer a una nación de más de 7 millones de habitantes. Artur Mas ha anunciado la necesariedad del incremento fiscal.
Sin viabilidad económica
Algunos economistas han imaginado sobre sus cálculos que la independencia no sería viable económicamente hablando ya que el PIB podría caer entre un 23 y 50%. A lo que hay que añadir ‘la fuga’ de empresas o el incremento del déficit. A su vez la reducción del PIB conllevará de manera paralela una caída en los ingresos fiscales.
La separación de España también lo significaría de Europa. Todo y que se ha anunciado públicamente que sin Europa no hay viabilidad para la independencia, la secesión abriría un nuevo proceso que situaría a Cataluña en una cola de espera, mucho más larga que la del paro en España (incluída Cataluña), para ingresar en Europa.
Sin Europa no hay euro, por lo que durante esta espera, la nueva moneda se vería depreciada respecto al euro, por lo que las deudas y los gastos financieros (pagados en euros) se incrementarían.
Sobre la promesa electoral promovida por Artur Mas en la que pretende preguntar al pueblo catalán en referéndum sobre la independencia hay que decir que nada es imposible, aún cuando la secesión no está recogida en la Constitución española. Hándicap que por ejemplo no tienen los escoceses.
Todo es posible, pero con Europa
Uno de los valores fundamentales de toda democracia es la voz del pueblo. El 11 de septiembre una parte muy importante, aunque no sé si suficiente, habló a favor de la independencia.
Las particularidades de nuestra carta magna no permiten la secesión, así que sin reforma no sería posible. No obstante con más del 60% de la población a favor y con una actitud favorable a nivel europeo e internacional todo podría pasar.
¿Qué puede ocurrir? Un referéndum en Cataluña puede provocar un proceso de reforma constitucional apoyándose en algunas normas internacionales.
Un referéndum a nivel estatal nos hace pensar que sería la perdición para los catalanes, sin embargo la experiencia europea nos muestra que muchos ingleses quieren que Escocia se independice.
Si nada de esto funciona por la negación del Estado a negociar, el Parlament podría declarar su independencia al amparo del derecho internacional, siempre apoyada por Europa, y comenzar la construcción del nuevo estado. Una opción que podría significar la ruina para Cataluña.
¿Y Euskadi? Otro estilo, sí. ¿Mismos intereses?


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