23 / oct / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).
Hablar sobre el futuro del periodismo y los periodistas es un mal endogámico de esta profesión, pero si no lo hacemos nosotros, existe la duda de que nadie más lo haga. Así pues, traemos a Pedro de Alzaga (@palzaga), subdirector de 'cuartopoder.es', para dar un breve repaso al presente, pasado y futuro de eso que todavía se conoce como periodismo.
¿Seguimos hablando de la crisis del periodismo, o empezamos ya a trabajar en el futuro?
Ya hay mucha gente trabajando en el futuro. El problema es que la crisis no es tanto del periodismo como del modelo de negocio que sustenta a la prensa, y encontrar uno nuevo está siendo muy difícil y traumático. Debemos tener paciencia y seguir trabajando.
Tiene sentido estar mirando al pasado y lo que se hacía constantemente, o solo es nostalgia de lo que ya no hay...
Hay mucha nostalgia, desde luego. Sobre todo, nostalgia de una época en la que el periodista podía vivir de su profesión. Convendría no perder de vista estas condiciones laborales en el futuro, por si acaso alguien quiere acostumbrarnos a pensar que "escribir no cuesta nada y cualquiera puede hacerlo" o que "al periodista le pagan por hacer lo que le gusta", como si eso fuera algún tipo de pecado inconfesable. También convendría mirar al pasado para recordar los muchos errores que ha cometido la prensa y, sobre todo, las empresas informativas.
Ahora bien, si todos estamos de acuerdo en que las cosas se están haciendo mal, o muchas de ellas, ¿por qué no se pone remedio?
Porque por mucho que estemos de acuerdo en muchas cosas, no lo demostramos adecuadamente. Por ejemplo, todo el mundo está de acuerdo en el papel imprescindible de la prensa como 'soporte de la democracia y garante de las libertades' y tal, pero las cifras dicen luego que la profesión de periodista es una de las más precarias y peor pagadas de este país. Es decir, todos estamos de acuerdo, salvo en el momento de poner en práctica lo que predicamos. Hay mucho consenso de boquilla.
Internet es la solución, o solo una escapada momentánea...
No sé si Internet es la solución, pero estoy casi seguro de que no es momentánea. "Ha venido para quedarse", como dicen los gurúes. Ahora estamos en el momento en que las piezas se colocan en el tablero y de cómo se distribuyan dependerá mucho nuestro futuro. Por eso, es importante que no seamos solo testigos de este proceso sino que participemos en él, con ideas y proyectos. O con propuestas y críticas. De oro modo, nos lo darán todo servido y en plato frío.
En caso de que la crisis, y los que se quieren aprovechar de ella, no se lleven totalmente el periodismo por delante, ¿qué va quedar para las generaciones que vienen?
Hay un montón de cosas aprendidas durante dos siglos de oficio y que apenas cambian en el nuevo soporte: desde el respeto y el contraste de la información y la búsqueda fuentes hasta la maquetación o la manera de titular para destacar lo importante. O las ideas de servicio público y de contrato social. Muchas cosas valiosísimas y que ahora algunos desprecian, como si nos pudiéramos permitir el lujo de despreciar toda esta tradición y empezar de cero.
¿Pueden estar los grandes medios torpedeando esta transición para no perder su gran trozo de tarta?
Lo dudo. Creo que están demasiado ocupados y preocupados con la que se les viene encima como para andar conspirando.
Abogado frustrado... ¿Te arrepientes ahora viendo el panorama en el mundo de la comunicación?
También me dediqué a la informática, con idéntico aburrimiento. No me arrepiento de haber dejado todo por el periodismo, porque es una profesión muy vocacional, también muy familiar en mi caso, y que no te deja vivir hasta que la practicas. Además he tenido la suerte de haber sido testigo de esta transición de la prensa desde antes de que comenzara. Y cada vez que pienso en ello, siempre recuerdo aquella maldición china: "Que vivas tiempos interesantes".


1 comentarios:
Muy interesante. Pedro de Alzaga es un crack. Yo coincido en que el futuro nos va a traer un periodismo que no va a permitir la dedicación en exclusiva, salvo a un puñado que acaparen tertulias y cuya firma valga algo. El resto, a sobrevivir con sueldos muy ajustados.
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