Trabajar, cuestión de fe

13 / abr / 2012 - Antonio Soriano (@AsorianoGmez).

La mejor forma de empezar esto es así.

- ¿Dónde estarán los cromos de fútbol que coleccionaba cuando era pequeño? ¿Los habrá tirado mi madre? Subiré al desván y los buscaré- , con los ojos todavía cerrados, Ramón, Lucía o Miguel, hace un repaso mental a lo que tiene que hacer hoy.

- Después me conecto cinco minutos, miro el Facebook, el Tuenti, el Comunio, el Marca y alguna cosilla más, pero rápido, que tengo que limpiar y ordenar la habitación, qué falta tiene, y también tendré que ir a entregar currículums por ahí-, se da media vuelta y abre un ojo para ver el despertador.

- Las 9:45, todavía es pronto, tengo tiempo, hasta las diez-, vuelve a cerrar los ojos.

Lo que viene después lo dejo al gusto del lector aunque no será fácil continuar la trama. Las historias nacen envenenadas por la contaminación esperpéntica que define la sociedad en la que crecen. Sí, la tendencia es a exagerar. La exageración es muy puta, unas veces se va con la sátira, otras con la inventiva, y otras se lo monta con las dos a la vez con la mentira como voyeur.

La oficina de estadística de la Comunidad Europea, Eurostat, ha publicado datos referentes al mes de febrero en el que ‘se dice’ que el 50,5% de los menores españoles de 25 años están como el amigo o la amiga de arriba: imaginando si jamás es nunca o nunca es jamás, con las manijas del despertador persiguiéndose en un juego sin fin como telón de fondo de un corto independiente, en el que el protagonista no tarda más de diez minutos, ficticios, en sospechar que su historia puede que no tenga fin. Y es que ¿cuál es la semilla de cualquier creencia? La sociedad, lo que dice la vecina del tercero, el charcutero, un libro, el periódico o la publicidad. Si te dicen que con la crisis que hay no vas encontrar trabajo, pues acabas creyéndotelo.

Estos datos no hacen otra cosa que dar confianza a tus creencias. Es vox populi hoy día frases como “con tantos en el paro seguro que hay gente más preparada para ese puesto de trabajo”; o “hoy en día si no tienes un enchufe trifásico es imposible trabajar”; “la única solución es salir de España, por ejemplo a Alemania donde dicen que hay más trabajo”. También están las más emprendedoras como “me voy a Inglaterra un año a estudiar inglés y al volver seguro que encuentro trabajo”; “voy a estudiar un máster que me de trabajo”; “con Internet no hace falta salir de casa para buscar empleo”; y las más pudorosas, “yo tengo estudios no puedo trabajar recogiendo fruta, de dependiente de supermercado o en una fábrica”; “ese trabajo es para hombres/mujeres”; “si no estás buena no te contratan”.

Acostarse con la sátira te invita a pensar que tú eres la víctima, y mientras los demás, el mundo, el todo, no cambie, tú no vas encontrar trabajo. Con un aquí te pillo aquí te mato con la inventiva, ves fantasmas inventados con los que escudarse o protegerse, según se mire, de la confrontación de la verdadera realidad, tu realidad. Y un polvete sin amor y sin protección con la mentira no es más que la forma más dócil para ti de esconderte de tus miedos, de tus penurias, de tu falta de ambición, de tu costumbrismo o de tu falta de ganas de cambiar hoy tu presente y mañana tu futuro.

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?, ya lo dijo Groucho Marx. Cree en ti.

1 comentarios:

Enorme el texto, desde que vivo sin televisión tengo una visión mucho más optimista de la vida, a pesar de lo que dicen los periódicos...

Un abrazo!!

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