12 / feb / 2013 - Diego Bayón (@Diego_Bayon).
En el año 2000, Daniel Suelo decidió dejar sus ahorros en una cabina telefónica y embarcarse en un viaje a Alaska para encontrarse a sí mismo. Sufría una profunda depresión y, por eso, decidió abandonar su antigua vida y vivir, prácticamente, al margen de la sociedad. Desde hace ya doce años no tiene un solo céntimo en el bolsillo. No paga impuestos, no tiene deudas ni créditos y ni siquiera dispone de un seguro médico. Sobrevive en las cuevas del desierto de Utah, en Estados Unidos, ajeno al Estado y a cualquier núcleo urbano de población.
¿Se puede vivir realmente sin un solo euro en el bolsillo? Antes de Suelo, en Alemania, Heidemarie Schwermer decidió a sus 50 años dejar su cómodo trabajo como psicoterapeuta y vivir sin dinero. Su viaje ha sido documentado en la película “Living Without Money”. Dieciséis años más tarde, coincidiendo con el estreno del documental, Schwermer explica en una entrevista a la web Business Insider por qué decidió dejar todo atrás. Relata cómo se dio cuenta, poco a poco, de que podía vivir con menos. A través de una asociación vecinal se ofreció para cambiar sus servicios en casas del barrio como babysitter o limpiadora, por bienes de consumo, fundamentalmente ropa y comida.
A partir de esa experiencia, decidió probar a vivir todo un año sin dinero en la cartera. Ya lo había intentado antes cuatro veces, pero este intento, fue el definitivo. Vendió su apartamento y todo aquello que no cupiera en una pequeña maleta. Lo que empezó siendo un experimento de 12 meses, al final ha terminado siendo su modo de vida durante 16 años. “Muchas personas de mi edad se pasan el día sentadas en sus jardines, pero a mí me gusta viajar, moverme. He descubierto una nueva vida, y no quiero volver a la antigua”, explica en el documental en el que narra su experiencia.
Pero, además de personas solitarias, también hay familias enteras que viven alejadas de las monedas y los billetes. Raphael Fellmer y Nieves Palmer podrían parecer una pareja cualquiera de Berlín si no fuera porque llevan dos años y medio “en huelga de dinero”. Él es alemán y ella española. Juntos, tuvieron un bebé hace casi año y medio. Sin embargo, carecen de ingresos, no tienen cuenta en el banco y duermen a cubierto gracias a que se les ha permitido usar como vivienda la casa-museo del pacifista Martin Niemöller Haus. A cambio, ayudan en la oficina, limpian y cultivan el huerto de la finca.
En una sociedad en la que todo se compra o se vende, ¿cómo consiguen sobrevivir estas personas? Daniel Suelo cuenta que gran parte de su dieta está basada en las raíces y frutos que recoge. Heidemarie Schwermer, en cambio, come cada día gracias a la caridad de amigos y extraños que le ofrecen su ayuda. Cuando no hay suerte, no le queda más remedio que recurrir a buscar entre los contenedores. Raphael Fellmer y Nieves Palmer, por su parte, alimentan a su hija con la comida que rescatan de los supermercados biológicos alemanes, que tienen por costumbre sacar a la calle los productos caducados justo antes de echar el cierre.
“En caso de que alguien quiera vivir sin dinero”, reflexiona Raphael Fellmer, “lo primero es entender por qué quieres hacerlo”. En su caso, uno de los motivos que le llevó a abandonar su antigua vida fue la interdependencia que provoca el uso del dinero, en tanto que “dependes de las personas que fabrican los productos que consumes”. El caso de Daniel Suelo es algo diferente. Él arremete contra el dinero, la sociedad y el capitalismo en general. De hecho, la depresión que sufría le llevo a vivir aislado en el desierto. Solo hace algunas visitas puntuales a una biblioteca pública de Utah dónde accede a un ordenador y una conexión de internet para poder actualizar su blog.
Consciente de que una crítica básica a su modo de vida es que sea un aprovechado, Fellmer alega que su proyecto es para que la gente piense sobre “todo lo producimos y no usamos además de dar ideas sobre como reducir nuestra huella ecológica”.




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