21 / dic / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).
Desde hace varios días, y a raíz del manido tema sobre el fin del mundo presagiado por Los Mayas, mucha gente decía que el verdadero problema no es que acabase el mundo, sino que todo continuase.
Haberse levantado el supuesto día en que acababa todo, mirar la prensa, y pensar: por qué no han acertado los dichosos Mayas.
El absurdo e irracional tema de Cataluña, redes de espionaje y corrupción entre la clase política, la sanidad, su privatización, las huelgas, las movilizaciones, la nueva, y puede que histórica, subida de la luz, los problemas con la educación y su falta de recursos, la nula inversión en I+D+i por parte del Gobierno y las empresas, el imposible acceso a una vivienda, el PARO... ¿De verdad que no hubiera sido mejor acabar con todo esto?
Partiendo del video-guay de Campofrío, y su ensuflamiento de buen rollo, parece que no hay una expectativa real de futuro. Mucha gente, a raíz del texto publicado en SHdC, decía que había que respirar por un día, sonreír un momento, ver la vida con otro prisma, al menos eso, un día. Pues bien, no creo que sea posible, al menos en estos momentos.
Cuando un país mira casi sin sorpresa que sus banqueros pasen por los tribunales, o ciertos políticos cojan sobres con dinero, es cuando ha llegado el momento de plantearse si nos hemos quedado dormidos. Bien es cierto que desde hace más de dos años no hay un día sin movilizaciones sociales, sin indignados que reclamen lo que es suyo, pero la cuestión es que a todo se acostumbra uno. Por eso, cuando dicen que hay que sonreír a la vida por estar en Navidad, pienso en esos 6 millones de parados, pienso en mí, en mi futuro, en la proyección de un país sin expectativas de crecimiento, y ante eso, la Navidad se hace más fría de lo habitual.
Muchos dicen que el tema de Los Mayas y el fin del mundo es solo un cambio de ciclo, de mentalidad, la perspectiva de un nuevo tiempo. Pues bien, con los próximos paros de Iberia, el transporte de Madrid, la sanidad... Algo me dice que ese nuevo tiempo se parece demasiado al de los últimos años. Y lo peor, que no va a cambiar.



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