20 / nov / 2012 - Mario Paz (@karnag20).
El pasado 14-N acudí a la manifestación convocada con motivo de la Huelga General. Todo transcurría tranquilamente, con las habituales consignas, gente reivindicando con más o menos exaltación la situación que vive el país… Como ya decía, todo era normal hasta que en el recorrido desde la estación de Atocha hasta la Plaza de Colon, pasando por la Plaza de Neptuno y la Carrera de San Jerónimo, a unos 50 metros del Congreso había unas vallas de 2 metros que cortaban dicha calle, y tras ésta, unos 50 policías, a pie y a caballo, y unas 10 furgonetas de antidisturbios todas con las luces encendidas parpadeando.
Todo ello se puede considerar normal hasta cierto punto. Todas las manifestaciones o concentraciones masivas de gente tienen este tipo de despliegues, lo que ya no era tan normal eran las más de 25 furgonetas de antidisturbios, comúnmente conocidas como "lecheras", aparcadas fuera del cordón policial, dentro del "carril bus", una detrás de otra, algunas de ellas parecían recién salidas de fábrica.
Un despliegue de fuerza excesivo que tácticamente no tiene mucho sentido pues estaban encajonadas unas con otras y con las balizas que delimitan el "carril bus" en Madrid lo que dificulta bastante su despliegue si es que éste fuera necesario. Ante esto, los ánimos y las atenciones de las protestas se dirigen hacia la policía, la crispación es palpable y la tensión aumenta, los cánticos mas recatados son: "menos policía y más educación".
Este tipo de protestas son comunes pero no a este nivel. De un tiempo a esta parte estos funcionarios públicos son el blanco de las críticas en parte por sus actuaciones en manifestaciones, concentraciones, protestas o desahucios, en parte culpa suya, y en parte culpa de los de más arriba, de los que reciben órdenes. Órdenes que de un tiempo a esta parte han cambiado, se han recrudecido en su tono y en su contenido, se han orientado hacia un dirección causar miedo entre la población.
No soy un ingenuo al igual que muchos de vosotros, entiendo el papel de la policía, ser el brazo armado del poder ejecutivo y en concreto el encargado de aplicar el elemento coactivo que éste a través de las leyes posee, es una parte necesaria en nuestra organización social, pero como todo tiene unos límites más o menos laxos dependiendo del que se encuentre en el poder.
Este gobierno en concreto no solo sabe esto, sino que esta intentando estirar este limite hasta donde le sea posible, con un único objetivo que mañana te pienses dos veces protestar, o directamente que te quedes en casa aguantando lo que te pasa y aceptándolo sin rechistar. No solo en esto contribuye el rol policial, el "porrazo primero y luego pregunto", también una serie de actuaciones que no se ven, que parecen casuales, como las filtraciones a la prensa, como declaraciones de fuera de tono de personajes secundarios o terciarios que parecen fruto de un calentón, cuando están profundamente meditadas y dirigidas desde mas arriba... Hasta otras que no solo se tienen que ver sino que deben ser especialmente notorias.
No se pueden enumerar todas ellas porque son demasiadas, pero ahí van algunas. Las primeras fueron hace ya tiempo cuando las concentraciones del 15-M empezaron a no ser bien vistas por el Ejecutivo, al no ser manifestaciones autorizadas, sino simples reuniones espontáneas, como consecuencia se filtró a la prensa que se pensaba tipificar, el convocar dichas concentraciones, por las redes sociales, como un delito.
Más tarde fue la delegada del gobierno en Madrid pidiendo que se regulara el derecho de reunión, para que no fuera "tan fácil" convocar concentraciones, cosa harto difícil que supondría la modificación de la Ley Orgánica reguladora del derecho de reunión y que esta sea constitucional o reformar la propia constitución (cosa actualmente imposible).
Después, se dio el intento de imputación de un delito por "atentar contra las instituciones del Estado" a los convocantes de una de las concentraciones de rodea el Congreso, todas las actuaciones desenvocaron en un auto del juez instructor desestimando estas pretensiones e incluso provocando que el propio juez criticara a la clase política.
Por ultimo nos encontramos con el recrudecimiento de la actuación policial de los últimos meses, fotos, videos, documentos audiovisuales de todo tipo, desde los de los medios de comunicación tradicionales, a los de la gente de la calle, presentes en redes sociales, recorren sin parar los millones de hogares españoles mostrando actuaciones policiales especialmente fuertes o fuera de lugar y en algunos casos hasta ilegales.
Ante esto, la respuesta del ejecutivo es otra filtración asegurando que va a regular, e incluso tipificar como delito, el retratar o grabar a la policía en el ejercicio de su profesión.
Esto en primer lugar supone violar la mayoría de nuestro ordenamiento jurídico, ya que atenta contra la libertad de expresión y de información, y en segundo supone el apoyo implícito del Gobierno a estas actuaciones, y en tercer lugar y lo más importante, pretende ocultarlas y que la próxima vez que saques la cámara, el móvil... ante una actuación vergonzosa de la policía, te lo pienses dos veces.
Todas estas actuaciones, órdenes, declaraciones, filtraciones, están únicamente dirigidas hacia aquellos que no claudican ante la situación actual, gente que piense no voy a llevar a mis hijos a una concentración pacifica porque tengo miedo de que les den un porrazo, o gente demasiado mayor que piensa que no esta ya para correr delante de la policía, o simplemente la gran mayoría que piensa me voy a quedar en casa no sea que me caiga un porrazo.
Todo ello es un espejismo, una ilusión, pero lo cierto es que en cierta forma funciona mucha gente se queda en casa no por resignación sino por miedo.


0 comentarios:
Publicar un comentario