29 / oct / 2012 - Yolanda Salmerón.
Igual que el traje de luces no hace al torero, nacer bajo las alas de un genio, en una casa flamenca, puede dar acordes al agraciado, pero no lo hace digno merecedor de su apellido por heredar una mirada, unas echuras o una querencia. Hay una lucha de dentro hacia afuera con los vestigios de la sangre a la que solo unos pocos libran creando su propia personalidad artística a la luz de su estirpe, convirtiéndose en dignos sucesores de quienes encendieron la antorcha de su casta. Y a sus 32 años y un cuarto disco, la hija del ronco del Albayzín se ha convertido en la matriarca de los Morente, en el 'Autorretrato' de Enrique. Ésta vez sí, porque la Morente ha sabido ser ella, pintar al padre y plasmarse, ávida de magia, huérfana de sinsentidos, agarrada siempre al origen del que viene, respetando su esencia flamenca, pero desde la más absoluta libertad de creación, como buena artista, como buena Morente.
Es la primera vez en 26 años que compro un disco el mismo día que sale a la venta. Y cada vez me enamora más. Había muchos motivos para tener el original y no esperar a mañana. El primero de ellos, era la portada. Nunca una foto me había dicho tantas cosas. Admiro profundamente la relación de amor entre padres e hijas, la conexión más allá de la piel, y es evidente que entre ellos había una unión especial, fascinación, respeto, cariño... algo que traspasa la imagen y emociona. Estrella, guapa, racial, como recién salida de un cuadro de Romero de Torres, parece buscar a través del espejo el beneplácito del padre quien, situado detrás de ella, y con las manos unidas en la barbilla bendice a la primogénita para que vuele sola y encuentre su sitio en el mundo del arte. Embelesados el uno en el otro, ensimismados en el inconsciente, en la magia del momento, ambos parecen dirigir su pensamiento al sueño de la libertad.
Dentro, hay una Estrella arrebatadora, sensual, desnuda, mágica y libre. Su voz está llena de matices, vuela por los espejismos de cualquier género y se cuela en el alma de quien la escucha: es plena, de rizo fácil como su mata de pelo gitana para adaptarse a cualquier sonido y de un metal con personalidad propia. Son 15 temas en los que se siente la presencia de Morente, no sólo porque también se disfruta su voz, sino porque cada canción retiene el alma de su genio creador.
Artistas de élite, flamencos y no tan flamencos, como Paco de Lucía, Tomatito, Vicente Amigo, Michael Nyman o Pat Metheny. Cada tema es un mundo, una historia mágica que vuela libre por el universo frágil de los sentimientos. Ahí está el réquiem 'Le di caza al alcance', con el que se abre el disco al gran público, que no puede ser más emotivo ni desarrollar mejor la potente y personal voz de Estrella. Hay unas sevillanas antiguas, 'Fernando Camisa', en donde la cantaora toca las castañuelas que recuerdan al sabor añejo y familiar de 'Mi cante y un poema', su primer disco. Y luego está 'A Lola' unas sevilanas en sentido homenaje a la gran Lola Flores, con intervención de la propia jerezana, en las que Estrella recoge letras del torbellino de colores y toda su familia en un sincero y cariñoso tributo. Dijo algún entendido de La Faraona "no sabe cantar, ni bailar, pero no se la pierdan" y como lunares al pañuelo de la Morente caen estas palabras. Un pregón del niño de las moras, pasión torera y de amante esposa, unas seguirillas con el maestro Paco de Lucía y hasta una rumba. Estrella se atreve con todo porque lleva el arte dentro.
La granadina recupera 'La Estrella' junto a Josemi y Antonio Carmona. Un revolucionario tema que su padre cantara en pro de la libertad, para dejar encendida una llamarada de vida y arte en medio de tiempos convulsos que nunca debiera apagarse ni mitigar su fuerza por tranquilas que sean las tempestades.
Otra de las joyas del disco es, sin duda, 'Adagio', un mano a mano con Enrique Morente, cuya letra parece premonitoria del nuevo camino que le toca ahora emprender a la cantaora. "¡Ay! Llorando y en penitencia a buscarte un día me fui". Escuchar dos voces tan profundas, a un genio de la música, grande del cante, y a una aprendiz de estrella en armonía de gargantas, empastando sus emociones, y saber, además, que son padre e hija y que es la última vez que un encuentro mágico y libre, de esta categoría tendrá lugar, es cuanto menos emotivo para quienes amamos el arte.
Para enamorarse, 'La habanera imposible' de Carlos Cano, que ya entonara la hija al padre de cuerpo presente ante miles de ojos apenados por la triste pérdida. Y del manto de su ausencia esta letra recoge el cariño y el alma flamenca para seguir adelante sin ese halo mágico, libre, de vida, amor y sueño que, haciendo, los oportunos cambios pueden arropar el nacimiento de una Morente. “Estrella, tú no tengas miedo de que el mundo sea tan grande, de que el mar sea tan inmenso, tú eres la novia del aire”.
Libertad y magia salpican el texto como si fueran sus auténticas protagonistas pero es que, en realidad, libre y mágico son los adjetivos que mejor se entienden con el espíritu Morente y, más allá, son los dos valores más importantes de esta vida. Sin ellos, no hay. ¡Qué no nos falte de na'!, ¡Gloria Bendita a los Morente!


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