17 / ago / 2012 - Rebeca Arroyo (@rebearroyo).
"Mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida", sostiene Woody Allen (Allan Stewart Königsberg) y, reconozcámoslo, Allen es un genio aplicando este lema. El cineasta neoyorquino ha saboreado las mieles del éxito con una sencilla fórmula: transformar a algunos de sus personajes en atractivos antihéroes simplemente cediéndoles generosamente parte de sus fobias, obsesiones y manías.
“- ¿Qué haces el sábado?
- Suicidarme
- Pues entonces quedamos mejor el viernes”
Se dice que nadie mejor que el director estadounidense para interpretarse a si mismo. Sin ánimo de cuestionar dicha aseveración debo advertir que en la obra teartral 'Tócala otra vez, Sam', Luis Merlo logra en un escenario emular al genuino Allen superando la prueba con holgura y buena nota.
Me explicó: Merlo es Allan que en realidad es Allen... Ufff, ¡qué enredo!, empecemos de nuevo. En la obra, Luis Merlo encarna a Allan, un crítico de cine brillante y paranoico que recurre a su imaginación, a su adicción a los medicamentos y a Humphrey Bogart para recuperarse del reciente abandono de su esposa.
¿Bogart?, sí, sí, el mismísimo, el actor que dio vida al inolvidable Rick Blaine en 'Casablanca' sirve de guía espiritual a Merlo, esto... a Allen, ¡digo a Allan!, en fin, que el patético y, a su vez, adorable Allan se “deja” asesorar por su antítesis, un galán viril, que con más labia que tino, aconseja al enclenque escritor en el complejo “arte de la seducción”.
¿Les parece la trama un tanto rocambolesca?, pues respiren hondo, aún no han hecho entrada los amigos del protagonista: Linda y Frank o, en el modo 'made in spain' de la versión cinematográfica, 'Sueños de un seductor', María Barranco y José Luis Alcobendas. La primera, que en el film americano interpretaba Diane Keaton, eclipsa al protagonista con sus propios 'tics' neuróticos, mientras que el segundo, un adicto al trabajo, sirve de aliño en este triángulo amoroso.
Una obra cuajada de gags ingeniosos, comportamientos descabellados e interpretaciones hilarantes que, además de ser una parodia de la película de Michael Curtiz, escenifica los disparatados esfuerzos de Linda para encontrar a la “media naranja” de Allan, que no es otra que ella misma.
Así, el abandono y la soledad; la soledad y la amistad; la amistad y el amor; el amor y el sexo; el sexo y el abandono; y vuelta a empezar. Una concatenación de sentimientos que sirve de excusa para que Allen se desnude haciendo de la vida, una verdad y de esta verdad, una broma; eso sí una broma de lo “más divertida”.
“- ¿Qué haces el sábado?
- Suicidarme
- Pues entonces quedamos mejor el viernes”
Se dice que nadie mejor que el director estadounidense para interpretarse a si mismo. Sin ánimo de cuestionar dicha aseveración debo advertir que en la obra teartral 'Tócala otra vez, Sam', Luis Merlo logra en un escenario emular al genuino Allen superando la prueba con holgura y buena nota.
Me explicó: Merlo es Allan que en realidad es Allen... Ufff, ¡qué enredo!, empecemos de nuevo. En la obra, Luis Merlo encarna a Allan, un crítico de cine brillante y paranoico que recurre a su imaginación, a su adicción a los medicamentos y a Humphrey Bogart para recuperarse del reciente abandono de su esposa.
¿Bogart?, sí, sí, el mismísimo, el actor que dio vida al inolvidable Rick Blaine en 'Casablanca' sirve de guía espiritual a Merlo, esto... a Allen, ¡digo a Allan!, en fin, que el patético y, a su vez, adorable Allan se “deja” asesorar por su antítesis, un galán viril, que con más labia que tino, aconseja al enclenque escritor en el complejo “arte de la seducción”.
¿Les parece la trama un tanto rocambolesca?, pues respiren hondo, aún no han hecho entrada los amigos del protagonista: Linda y Frank o, en el modo 'made in spain' de la versión cinematográfica, 'Sueños de un seductor', María Barranco y José Luis Alcobendas. La primera, que en el film americano interpretaba Diane Keaton, eclipsa al protagonista con sus propios 'tics' neuróticos, mientras que el segundo, un adicto al trabajo, sirve de aliño en este triángulo amoroso.
Una obra cuajada de gags ingeniosos, comportamientos descabellados e interpretaciones hilarantes que, además de ser una parodia de la película de Michael Curtiz, escenifica los disparatados esfuerzos de Linda para encontrar a la “media naranja” de Allan, que no es otra que ella misma.
Así, el abandono y la soledad; la soledad y la amistad; la amistad y el amor; el amor y el sexo; el sexo y el abandono; y vuelta a empezar. Una concatenación de sentimientos que sirve de excusa para que Allen se desnude haciendo de la vida, una verdad y de esta verdad, una broma; eso sí una broma de lo “más divertida”.


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