28 / ago / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).
Después, a lo largo de mi vida, he ido una y otra vez a aquel jardín. He visto muchas veces esos setos, sus fuentes, la jaula de pájaros que hay en el centro de aquel pequeño universo. Guardo el mejor de los recuerdos de un lugar hecho para soñar, construido por reyes casi medievales sin el mayor objetivo que el de ser un sitio de recreo.
Siempre me ha fascinado Aranjuez. Su pequeño Palacio Real, los jardines, el Parque del Príncipe. Es curioso como una localidad tan pequeña puede capturar el encanto de algo tan grande sin perder la esencia de lo que es, un lugar de descanso. Pero todo aquello se ha roto. La magia ha desaparecido, y las fuentes sin agua, los setos sin podar y la suciedad, son ahora los nuevos vigías del jardín que flanquea el Palacio Real, así como del Parque del Príncipe.
La sensación es perturbadora, genera intranquilidad. Ver todas las fuentes vacías, sin agua, llenas de hojas secas, e incluso, algunas de ellas rotas, provocan una sensación de impotencia ante lo que un día fue bello. El enemigo ya sabemos cuál es: la crisis económica.
Como tantas y tantas cosas, la única explicación que tiene el actual estado de los Jardines de Aranjuez es que haya habido un drástico recorte en las partidas de gasto para mantenimiento, y todo aquello se ha visto relegado a un segundo lugar. La conservación del interior del Palacio Real es, más o menos, sencilla. Pero el gran terreno exterior, con tanta naturaleza que quiere engullir todo, entiendo que requiere más manos trabajando, y eso sabemos que, hoy en día, es un lujo.
El cuidado de dicho jardín proviene de Patrimonio Nacional, que es el organismo público que custodia los bienes de titularidad del Estado afectados al uso y servicio del Rey y los miembros de la Real Familia. Lo que parece claro es que los recortes también han llegado aquí. Ahora bien, tras mi última visita a Aranjuez, tengo la sensación definitva de que la crisis se va a llevar por delante demasiadas cosas. Sabemos que lo principal es el drama humano que viven cientos de personas, pero no podemos olvidar todo lo demás, no podemos dejar caer en el olvido lo que tanto nos ha costado levantar. Si dejamos morir nuestra cultura, nuestro extenso patrimonio, habremos dejado que la crisis se salga con la suya.
Es cierto que no sé muy bien cómo combatir eso. Si no hay medios económicos, no habrá personas que puedan mantenerlo, pero sinceramente, creo que hay esfuerzos que bien merece la pena hacer. Es una lástima que cuando el próximo autobús con una excursión de colegiales llegue a Aranjuez, solo vea la sombra de lo que un día fue, y que por desgracia, parece que, de momento, no volverá.


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