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Cinco museos, cinco sentidos

13 / feb / 2013 - SHdC
Durante esta semana Arco lleva a la primera plana de la actualidad a artistas, galerías de arte, coleccionistas y mecenas de todo el mundo. Madrid se convierte en templo del arte por cuatro días. Por ello, Rumbo, la conocida agencia de viajes on-line, ha seleccionado cinco museos alternativos (y singulares por su vocación y trayectoria) que muestran el papel de diferentes coleccionistas y mecenas en favor de la cultura. 

- El MuVIM (Museo de la Ilustración y la Modernidad de Valencia) constituye un enlace entre la ilustración y la modernidad, con los medios de comunicación como vehículo conductor entre el siglo XVIII y el siglo XXI. La fotografía, el diseño, la publicidad y la imagen son las claves de su programa, con “La aventura del pensamiento” como exposición central, rodeada de efectos y proyecciones que producen en el visitante un sentimiento de participación total en los eventos y periodos que se muestran. 

- La Fundación Museo Jorge Oteiza alberga la colección personal del reconocido artista, formada por 1.650 esculturas, 2.000 piezas de su laboratorio experimental y una extensa colección de dibujos y collages que transmiten carácter interdisciplinar. Situado en Alzuza (Navarra), el museo es en sí mismo una obra de arte. Bajo la forma de un cubo gigante de hormigón rojizo –obra de obra del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza–, el museo integra la que fuera vivienda del artista durante dos décadas, su biblioteca personal, manuscritos, esculturas y maquetas creadas a lo largo de su extensa trayectoria creativa así como el Laboratorio de Tizas, que acoge las investigaciones experimentales de Oteiza y la significación espiritual y metafísica de su creación. Todo un descubrimiento para viajeros que buscan arte alternativo. 

- El Museo Cerralbo, en Madrid, es un lugar desconocido incluso para muchos madrileños. Alberga la colección de obras que los marqueses de Villa-Huerta y sus hijos fueron acumulando durante décadas de viajes por España y Europa. Todo ello fue legado por el XVIII Marqués de Cerralbo al Estado español a principios del siglo XX con el fin de preservar sus colecciones “siempre reunidas y que sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y al arte". Situado en el barrio de Argüelles, los responsables del Museo han puesto especial interés en preservar y mostrar los ambientes originales de la casa, concebidos como bienes patrimoniales. El año pasado recibió 70.000 visitantes, el doble que en 2010. 

- El Museo Vostell, en Malpartida de Cáceres, fue fundado en 1976 por el artista hispanoalemán Wolf Vostell, hijo adoptivo de la ciudad tras su matrimonio con Mercedes Guardado Olivenza. Vostell utiliza todos los elementos visuales a su alcance para producir impacto en el receptor y abrir su pensamiento. Su colección más famosa -‘Wolf y Mercedes’-constituye un recorrido fetichista por nuestra época a través de elementos de consumo (el coche, la TV, el hormigón) que muestran los conflictos de la sociedad actual. 

- La Fundación NMAC está situada en la Dehesa Montenmedio, en el municipio gaditano de Vejer de la Frontera. Inaugurada en 2001, la Fundación está concebida como un museo mediador destinado a apoyar a los creadores contemporáneos en proyectos que fomenten el entendimiento de la sociedad a través del arte, combinando el paisaje natural y el entorno social en la creación artística. Hasta el momento más de 40 artistas han realizado proyectos en NMAC y, de ellos, 23 proyectos forman parte permanente de la colección abierta al público.

La primavera del arte cumple 90 años

lola flores cantante actriz
Lola Flores | Vía: Menchu Gamero
22 / ene / 2013 - Yolanda Salmerón (@YolandaMyS). 

Racial, mágica, auténtica y pura ... inmensa como la pasión, inmortal como el amor, una grande sin título ... nació un 21 de enero para derrochar un manto de flores al arte de una España escuálida y fría que supo apreciar el calor de sus brazos con un cariño eterno que la hace estar más viva que nunca. 

Se le quedan cortos los calificativos de cantante y actriz española con que se intenta definir en cualquiera de sus biografías las cuarenta películas que protagonizó, los innumerables discos que vendió y la de escenarios, de aquí y allá, que sostuvieron la fuerza de su temperamento. Cantaba, bailaba, actuaba, recitaba, ensalzaba la cultura popular desde su arte y por su arte y quemaba con el fuego de sus pestañas sin llamarse Carmen. Mecía en sus brazos al aire flamenco, la copla, el rap y cualquier estilo que trajera verdad a su expresividad, a esa manera suya, gitana y valiente, de hacer, decir y pisar un escenario cual torbellino de colores. 

Escribió de ella un periodista apelando al público que "no sabía bailar, ni cantar, pero que no se la perdieran", porque La Faraona era y es, ante todo, un torrente de verdad, pureza y estilo, única y personal. Atemporal, está en el arte como fuente inagotable de sabiduría, como hermana mayor del duende, a quien tiene mucho que enseñar. 

Cualquier actuación suya es un arañazo al alma, duele porque ya no está, porque sólo el duende sabe cuánto la llora en la pérdida de su arte pasional, porque canta, baila y pisa el escenario con verdad, desde sus entrañas, sacando su maleza y su bondad, haciendo el amor a las letras y peleando a cuchillada limpia con el baile, como un amor turbio, a lo Caracol, de esos imposibles, qué lástima de aquél que no se abrase con uno. La niña de fuego lleva al espectador, con su presencia en el escenario, en el attrezo inverosímil de una película, o en el rajo de su voz en aquellos últimos programas, a encontrarse consigo mismo, con sus miserias, luces y sombras, con ese cajón donde se esconden las penas y se guardan las alegrías mientras pelea la vida la gente corriente, ahogando deseos e implorando sueños. 


Resuena aún el eco de las palmas que corean su nombre en la figura de Lola, Antonio y Rosario, unos hijos que sin superarla, son bendita rama por salir al tronco. Y en la de las generaciones venideras, en su "si me queréis, irsen", en la pena eterna, ‘La Zarzamora’, los volantes y el escote sensual de un traje bien plantao hecho para una mujer cinco estrellas, en Jerez, y Madrid, en el sabor de la sangre, en la gitanería del arte y la cultura del folclore, en ese Lorca de verde aceituna, en una peseta para no empeñar el pendiente, en la bandera de la libertad y en cualquier mujer fuerte, ángel y demonio, que se quiere, se respeta y lucha por hacerse un hueco. 

Lola Flores es todo eso y más... es su fiel escudero, el Pescaílla, el calor de su séquito de amigos, la admiración de sus amantes, entre público y privado ... y esa luz mágica que por más que se apaguen los focos queda encendida para alumbrar la esencia del arte, la pureza de una suerte, la de romperse el pecho a cada paso, con la única compañía de la sangre. 

Si estuviera del lado de acá, esta semana habría cumplido 90 primaveras, lo que fue ella para el arte, una sensual y pura bandera de la libertad. ¡Qué no le pongan calificativos! ¡Qué nadie le corte las alas, que los sueños son libres y ella fue el más bello de los antojos del arte nuestro!

Aranjuez, patrimonio de la crisis

28 / ago / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).

Casi pierdo en la memoria cuando fue la primera vez que visité Aranjuez. Sé que hacía frío, llovía, y el olor a humedad ejercia como el más fuerte de los opios ante un niño que apenas alcanzaba a ver la realidad de aquel lugar. También recuerdo, aunque entre una bruma olvidadiza, que era una excursión con el colegio, y que teníamos que dibujar con lápices de colores las distintas fuentes del jardín adyacente al Palacio Real. Se trataba de crear siluetas, formas, dimensiones...

Después, a lo largo de mi vida, he ido una y otra vez a aquel jardín. He visto muchas veces esos setos, sus fuentes, la jaula de pájaros que hay en el centro de aquel pequeño universo. Guardo el mejor de los recuerdos de un lugar hecho para soñar, construido por reyes casi medievales sin el mayor objetivo que el de ser un sitio de recreo.

Siempre me ha fascinado Aranjuez. Su pequeño Palacio Real, los jardines, el Parque del Príncipe. Es curioso como una localidad tan pequeña puede capturar el encanto de algo tan grande sin perder la esencia de lo que es, un lugar de descanso. Pero todo aquello se ha roto. La magia ha desaparecido, y las fuentes sin agua, los setos sin podar y la suciedad, son ahora los nuevos vigías del jardín que flanquea el Palacio Real, así como del Parque del Príncipe.

La sensación es perturbadora, genera intranquilidad. Ver todas las fuentes vacías, sin agua, llenas de hojas secas, e incluso, algunas de ellas rotas, provocan una sensación de impotencia ante lo que un día fue bello. El enemigo ya sabemos cuál es: la crisis económica.

Como tantas y tantas cosas, la única explicación que tiene el actual estado de los Jardines de Aranjuez es que haya habido un drástico recorte en las partidas de gasto para mantenimiento, y todo aquello se ha visto relegado a un segundo lugar. La conservación del interior del Palacio Real es, más o menos, sencilla. Pero el gran terreno exterior, con tanta naturaleza que quiere engullir todo, entiendo que requiere más manos trabajando, y eso sabemos que, hoy en día, es un lujo.


El cuidado de dicho jardín proviene de Patrimonio Nacional, que es el organismo público que custodia los bienes de titularidad del Estado afectados al uso y servicio del Rey y los miembros de la Real Familia. Lo que parece claro es que los recortes también han llegado aquí. Ahora bien, tras mi última visita a Aranjuez, tengo la sensación definitva de que la crisis se va a llevar por delante demasiadas cosas. Sabemos que lo principal es el drama humano que viven cientos de personas, pero no podemos olvidar todo lo demás, no podemos dejar caer en el olvido lo que tanto nos ha costado levantar. Si dejamos morir nuestra cultura, nuestro extenso patrimonio, habremos dejado que la crisis se salga con la suya.

Es cierto que no sé muy bien cómo combatir eso. Si no hay medios económicos, no habrá personas que puedan mantenerlo, pero sinceramente, creo que hay esfuerzos que bien merece la pena hacer. Es una lástima que cuando el próximo autobús con una excursión de colegiales llegue a Aranjuez, solo vea la sombra de lo que un día fue, y que por desgracia, parece que, de momento, no volverá.