6 / jul / 2012 - José Ramón Martínez (@JRamonMartinez).
Hace apenas unos días que el combinado de Vicente Del Bosque volvió a regar España de felicidad por unas horas con el triunfo continental. Y digo bien, apenas unas horas. Al día siguiente no pocos solicitaron que los campeones entregaran a causas solidarias sus 300.000 euros de prima, que recordemos les otorga la Federación, que recibe fondos públicos.
La Roja ha vuelto a deslumbrar en Europa, ha mostrado de nuevo un juego exquisito y una competitividad soberbia que le ha hecho campeón con una suficiencia abrumadora. Los mejores merecen su justo premio. El gasto de estas primas para la Federación es una cifra ínfima comparada con los ingresos que van a percibir de los partidos amistosos que la Selección va a jugar los próximos años, y que se realizan por el talento y la capacidad de estos futbolistas. Cuando alguien se extraña de lo que cobran estas figuras, se sorprendería mucho más con lo que generan y no siempre perciben.
Pero no pueden vivir alejados de la cruda realidad de nuestro país. Sería un gesto honorable que donaran esa prima. Pero la caridad y la solidaridad debe ser individual, sincera y voluntaria. No puede estar sujeta a presiones, porque entonces se convierte en una perversa trampa. Y en el caso de estos futbolistas es injusta.
La tertuliana y presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, pidió que los tricampeones dieran su prima a Cáritas. Haciendo uso de su misma demagogia yo le preguntaría a ella por qué no renuncia a su sueldo del partido, o por qué no pide a los diputados del Parlament donar sus mensualidades extraordinarias, o por qué no ha pedido que se le retire la asignación mensual a los expresidentes que además tienen otros desorbitados sueldos por haber ostentado ese cargo. Y así podría seguir con políticos y numerosas entidades relacionadas con la Administración.
Si no nos gusta que los jugadores cobren ese sobresueldo, el culpable no es quien lo recibe, sino quien lo da: la Federación. Una institución que podría destinar ese dinero para que los futbolistas de categorías inferiores no estén sin cobrar. Para mejorar las condiciones de seguridad y salubridad en Segunda B o Tercera. A esta entidad, presidida por Villar, es a la que hay que responsabilizar del alcance de estas primas, y ya de paso podría explicar qué hace con todo lo que ha recibido de jugar en Portugal, Argentina o Venezuela, entre otros países. Eso me preocupa mucho más.
Debemos sentirnos orgullosos de este grupo de futbolistas. Lo único que tenemos que pedirles es que sigan haciendo disfrutar a la afición. Con su dinero que hagan lo que quieran. Y si alguno de ellos decide donarlo, que lo haga, pero sin decir nada. Porque la solidaridad cuando se hace pública deja de ser caridad para convertirse en publicidad.
La Roja ha vuelto a deslumbrar en Europa, ha mostrado de nuevo un juego exquisito y una competitividad soberbia que le ha hecho campeón con una suficiencia abrumadora. Los mejores merecen su justo premio. El gasto de estas primas para la Federación es una cifra ínfima comparada con los ingresos que van a percibir de los partidos amistosos que la Selección va a jugar los próximos años, y que se realizan por el talento y la capacidad de estos futbolistas. Cuando alguien se extraña de lo que cobran estas figuras, se sorprendería mucho más con lo que generan y no siempre perciben.
Pero no pueden vivir alejados de la cruda realidad de nuestro país. Sería un gesto honorable que donaran esa prima. Pero la caridad y la solidaridad debe ser individual, sincera y voluntaria. No puede estar sujeta a presiones, porque entonces se convierte en una perversa trampa. Y en el caso de estos futbolistas es injusta.
La tertuliana y presidenta del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, pidió que los tricampeones dieran su prima a Cáritas. Haciendo uso de su misma demagogia yo le preguntaría a ella por qué no renuncia a su sueldo del partido, o por qué no pide a los diputados del Parlament donar sus mensualidades extraordinarias, o por qué no ha pedido que se le retire la asignación mensual a los expresidentes que además tienen otros desorbitados sueldos por haber ostentado ese cargo. Y así podría seguir con políticos y numerosas entidades relacionadas con la Administración.
Debemos sentirnos orgullosos de este grupo de futbolistas. Lo único que tenemos que pedirles es que sigan haciendo disfrutar a la afición. Con su dinero que hagan lo que quieran. Y si alguno de ellos decide donarlo, que lo haga, pero sin decir nada. Porque la solidaridad cuando se hace pública deja de ser caridad para convertirse en publicidad.


2 comentarios:
Los cojones. Jugaron bien en la final, el resto del torneo fue un churro mayúsculo.
Muy de acuerdo con eso de que "la solidaridad cuando se hace pública deja de ser caridad para convertirse en publicidad" y de que no se puede pedir que den su dinero, por mucho que nos parezca, cuando hay gente que cobra más por no hacer nada. Pero, hay una cosa que no me quedó clara (no por tu artículo, en general), ¿al final donaron el dinero o no?
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