4 / jun / 2012 - Rebeca Arroyo (@rebearroyo).
Dicen las malas lenguas, que suelen ser las más sabias, por cierto, que el periodismo es ególatra por definición. Dado lo mucho que sobre esta profesión escriben sus protagonistas, no lo pongo en duda. No obstante, en un momento en el que esta ocupación se asemeja, más que nunca, a aquella que, según las mismas fuentes, se precia de ser el oficio más viejo del mundo, quiero romper una lanza a su favor.
Pero no teman, no se trata de una arenga sobre su papel en la sociedad, ni sobre las virtudes del malogrado 'cuarto poder'. Para eso están los genios. Por ejemplo, Gabriel García Márquez, que de esto sabe un poco, la calificó como la "profesión más bella del mundo". Por su parte, Ryszard Kapuscinski fue un poco más lejos asegurando que "los cínicos no valen para este oficio".
Así pues, el propósito de este texto es mucho menos ambicioso. Se trata de una mera reflexión surgida de la convivencia con aquellos que empiezan en esto y que, por ello, conservan aún la ingenuidad y el embeleso de los que, llámenos ilusos, aún consideramos que no hay mejor formar de ganarse la vida que siendo su testigo y haciendo partícipe al resto.
Pues bien, retomando el hilo, considero un lujo compartir mi día a día laboral con los que aún se emocionan con su primera noticia, su primera rueda de prensa y, como culmen de la fortuna, la primera entrevista.
Es en esos momentos, cuando el periodista se siente PERIODISTA, siendo, como dice Eugenio Scalfari, "gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente". Ante esto el lector pensará "qué estupidez, hago eso todos los días y no me pagan por ello", por cierto, que a muchos compañeros tampoco, pero eso es cuestión aparte. En cualquier caso, fácil-fácil, no es. Cuenten lo que pasa de forma objetiva, sin dejarse influir, ni mucho menos comprar, con datos, profundizando, analizando, sumergiéndose en los hechos y sin pueden hacerlo sin ahogarse y desanimarse, están de enhorabuena, han logrado lo que pocos medios consiguen.
Por eso el propósito de esta pieza no es otro que homenajear al todavía 'virgen' periodista que vislumbra, palpa, olfatea, oye y paladea y, con suerte, observa, agarra, aspira, escucha y saborea para finalmente absorber con todos los sentidos el mundo y después, en el colofón de esta orgía de realidades, relatarlo.
Dicen las malas lenguas, que suelen ser las más sabias, por cierto, que el periodismo es ególatra por definición. Dado lo mucho que sobre esta profesión escriben sus protagonistas, no lo pongo en duda. No obstante, en un momento en el que esta ocupación se asemeja, más que nunca, a aquella que, según las mismas fuentes, se precia de ser el oficio más viejo del mundo, quiero romper una lanza a su favor.Pero no teman, no se trata de una arenga sobre su papel en la sociedad, ni sobre las virtudes del malogrado 'cuarto poder'. Para eso están los genios. Por ejemplo, Gabriel García Márquez, que de esto sabe un poco, la calificó como la "profesión más bella del mundo". Por su parte, Ryszard Kapuscinski fue un poco más lejos asegurando que "los cínicos no valen para este oficio".
Así pues, el propósito de este texto es mucho menos ambicioso. Se trata de una mera reflexión surgida de la convivencia con aquellos que empiezan en esto y que, por ello, conservan aún la ingenuidad y el embeleso de los que, llámenos ilusos, aún consideramos que no hay mejor formar de ganarse la vida que siendo su testigo y haciendo partícipe al resto.
Pues bien, retomando el hilo, considero un lujo compartir mi día a día laboral con los que aún se emocionan con su primera noticia, su primera rueda de prensa y, como culmen de la fortuna, la primera entrevista.
Es en esos momentos, cuando el periodista se siente PERIODISTA, siendo, como dice Eugenio Scalfari, "gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente". Ante esto el lector pensará "qué estupidez, hago eso todos los días y no me pagan por ello", por cierto, que a muchos compañeros tampoco, pero eso es cuestión aparte. En cualquier caso, fácil-fácil, no es. Cuenten lo que pasa de forma objetiva, sin dejarse influir, ni mucho menos comprar, con datos, profundizando, analizando, sumergiéndose en los hechos y sin pueden hacerlo sin ahogarse y desanimarse, están de enhorabuena, han logrado lo que pocos medios consiguen.
Por eso el propósito de esta pieza no es otro que homenajear al todavía 'virgen' periodista que vislumbra, palpa, olfatea, oye y paladea y, con suerte, observa, agarra, aspira, escucha y saborea para finalmente absorber con todos los sentidos el mundo y después, en el colofón de esta orgía de realidades, relatarlo.


1 comentarios:
Mi primera rueda de prensa fue sobre una exposición de objetos de metal antiguos...
Y mi primera entrevista fue a una profesora que había publicado un libro sobre la educación y el ambiente escolar.
Todo en Murcia, en el diario 'La Verdad'. Recuerdos inolvidables.
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