5 / jun / 2012 - Jessica Rod (@jessicaroddav).
Muchos han sido los intentos del cine de cambiar el curso de la historia. Indagar, explicar, ideologizar y, sobre todo, concienciar mentes para buscar una reacción. ¿Quemar contenedores o hacer grafitis en bancos? No (únicamente). Sino dar respuestas, buscar alternativas o, en su defecto, formular más preguntas.
Los documentales son esos productos que rozan la ficción pero, como manda el género, miran a los ojos de la actualidad (y, en muchos casos, hasta la escupen). Ellos nos han removido de nuestro sofá, con ellos han proliferado nuestros insultos, han encendido nuestras bombillas y han elevado a la quinta esencia nuestro perroflautismo escondido más sórdido.
Otros, en cambio, han puesto de manifiesto lo más obvio de lo obvio y se han acercado más a la propaganda estilo Leni Riefenstahl que a los datos y los hechos propiamente dichos. Aquí una relación de algunos de los más escandalosos, amables, burdos o simplones. Pasen y vean.
Hablar de documentales que nos han marcado es nombrar a 'Inside Job'. En plena era de Twitter, del 15-M, de la crisis del sistema, del Estado, de las preguntas sobre economía y de conocer lo que significa “prima de riesgo”, Charles Ferguson te señala con el dedo. Ellos son los malos: los bancos, los inversores, las aseguradoras. Te cuenta cómo hemos llegado hasta aquí y te señala a Wall Street como la reencarnación terrenal de todos los males. Allí se gestó el horror y entonces salpicó.
Sin embargo, 'Inside Job' es, ante todo, complejo. Mediante datos y entrevistas se narra la historia más ruin y más verdadera de nuestro pasado más reciente y de nuestro presente más actual.
Lo sabemos, nos estamos cargando La Tierra. Y si no lo sabes, 'Home' se encarga de recordártelo. Una historia que comienza en el mismísimo principio de los tiempos. Ante todo, una epopeya muy visual que te hace sentir un extraterrestre invadiendo tu propio planeta. Imágenes siempre desde el cielo, muchos ríos, muchos animales y una conclusión bastante evidente: nosotros somos la peor plaga que ha tenido que soportar el mundo. Pero, ¿algo malo tenía que tener, no? Nada más y nada menos que un conglomerado de empresas (con, por supuesto, buenas prácticas ecologistas) como “patrocinadores” estilo Gucci, Fnac o Puma. Los eruditos del tema lo llaman “greenwashing” (limpieza verde) y, desde luego, desprende cierto olorcillo a choto.
Y en medio de toda esta oleada post-hippie, salvadora del planeta y amiga de las causas perdidas tenemos que nombrar a 'Una Verdad Incómoda'. Un documental en el que Al Gore, ilustre político norteamericano y vicepresidente en la época de Bill Clinton, intenta remover conciencias hablando en primera persona. Entre las mejores perlas está su explicación sobre el motivo por el cuál se comenzó a interesar por el efecto invernadero. Algo así como el accidente de su hijo mientras jugaba en un columpio, motivo, en sí mismo, bastante difícil de creer. A poco que uno indague en la red sobre el tito Albert Arnold Gore encontrará amigos y enemigos casi a partes iguales.
A mí, como por lo general siempre me caen mejor los que hablan mal, me voy a centrar en ellos. Estos critican, principalemente, que Al es un "enviromentalist", es decir, alguien que no tiene ni idea ni de ciencia ni de física pero cree fervientemente en el cambio climático. En sí mismo no es malo, sin embargo, cuando uno visualiza el documental se da cuenta de que existe cierto aire evangelizador, que no explica sino que persuade. Sí, el cambio climático es tan malo como la niña de la curva, algo de lo que pocos dudan, pero NO gracias a las explicaciones del maestre Gore.
Si uno pasa un mes comiendo tomates cherry, por poner un ejemplo, no cabe duda de que cualquier médico, preferiblemente no naturistra, se llevaría las manos a la cabeza. Tendremos más falta de vitaminas que Mary-Kate Olsen en sus tiempos de desordenes alimenticios, actividades tan rutinarias para el ser humano como el cagar se tornarían acontecimientos casi de lujo y perdereríamos tanta grasa acumulada y tantas neuronas que creíamos olvidadas que nos convertiríamos en un espejismo occidental del mismísimo Dalai Lama.
Pero si hablamos del McDonals la cosa cambia y 'Super Size Me' así lo refleja. ¿Hasta cuándo durará un hombre de carne y hueso sin que sus venas se saturen? Tiene un toque MTV bastante apreciable y su tono socarrón y burlesco, estilo Michael Moore, siempre me llamó la atención. Y sí, no hay que negar que habla mucho más que de comida. Alude al feroz marketing encargado de captar a futuras generaciones, a los grandes lobbies que hay detrás de la industria y a las enfermedades desconocidas y asociadas por la ingesta de dichos productos.
En definitiva, se podría decir que es un cántico contra cierta parte de la cultura norteamericana, pero, Morgan Spurlock, debo decir que tras verlo me quedó una frase bien clara: el McPollo mata. Y no, tampoco es así.
Muchos han sido los intentos del cine de cambiar el curso de la historia. Indagar, explicar, ideologizar y, sobre todo, concienciar mentes para buscar una reacción. ¿Quemar contenedores o hacer grafitis en bancos? No (únicamente). Sino dar respuestas, buscar alternativas o, en su defecto, formular más preguntas.Los documentales son esos productos que rozan la ficción pero, como manda el género, miran a los ojos de la actualidad (y, en muchos casos, hasta la escupen). Ellos nos han removido de nuestro sofá, con ellos han proliferado nuestros insultos, han encendido nuestras bombillas y han elevado a la quinta esencia nuestro perroflautismo escondido más sórdido.
Otros, en cambio, han puesto de manifiesto lo más obvio de lo obvio y se han acercado más a la propaganda estilo Leni Riefenstahl que a los datos y los hechos propiamente dichos. Aquí una relación de algunos de los más escandalosos, amables, burdos o simplones. Pasen y vean.
Sin embargo, 'Inside Job' es, ante todo, complejo. Mediante datos y entrevistas se narra la historia más ruin y más verdadera de nuestro pasado más reciente y de nuestro presente más actual.
A mí, como por lo general siempre me caen mejor los que hablan mal, me voy a centrar en ellos. Estos critican, principalemente, que Al es un "enviromentalist", es decir, alguien que no tiene ni idea ni de ciencia ni de física pero cree fervientemente en el cambio climático. En sí mismo no es malo, sin embargo, cuando uno visualiza el documental se da cuenta de que existe cierto aire evangelizador, que no explica sino que persuade. Sí, el cambio climático es tan malo como la niña de la curva, algo de lo que pocos dudan, pero NO gracias a las explicaciones del maestre Gore.
Pero si hablamos del McDonals la cosa cambia y 'Super Size Me' así lo refleja. ¿Hasta cuándo durará un hombre de carne y hueso sin que sus venas se saturen? Tiene un toque MTV bastante apreciable y su tono socarrón y burlesco, estilo Michael Moore, siempre me llamó la atención. Y sí, no hay que negar que habla mucho más que de comida. Alude al feroz marketing encargado de captar a futuras generaciones, a los grandes lobbies que hay detrás de la industria y a las enfermedades desconocidas y asociadas por la ingesta de dichos productos.
En definitiva, se podría decir que es un cántico contra cierta parte de la cultura norteamericana, pero, Morgan Spurlock, debo decir que tras verlo me quedó una frase bien clara: el McPollo mata. Y no, tampoco es así.


1 comentarios:
Me parece un artículo buenísimo desde el titular (acertadísimo) hasta el punto y final. Ya estoy buscando como loca donde poder verlos.
Publicar un comentario