Solter@s (En primavera) parte I

26 / mar / 2012 - Ana Andújar.

Este era mi momento, el sol luce fuerte, la gente sale a la calle, las noches son templadas y largas... no hay mejor momento del año para quedarse soltero como en primavera... Las chicas están deseando sacar las piernas a pasear, pegarle fuego a la ciudad y disfrutar de la música, y sobre todo, de la bebida...

Yo escuchaba y asentía, absolutamente ahogado en mi gigantesca pinta de cerveza, que bien podría pagar alquiler, e intentaba mimetizarme con los consejos de Javi, el que había sido mi Guardia Pretoriana todos estos años de noviazgo con Eva, mi amigo de la infancia, el que siempre me advertía que serle fiel a una sola persona no era natural, el que me gritaba que quedarse un sábado en casa viendo una peli debieria de ser anticostitucional, el que me aguantó todos los años de enclaustramiento parejil, y el que ahora, después de mi tocado-y-hundido con Eva, me había sacado del cuello a la calle para que me diera el aire, cambiara de vida y siguiera adelante.

Por lo visto, Eva me había hecho un favor con dejarme en primavera, porque en menos de 20 minutos estaría follándome a una Erasmus en el baño. Lo que Javi no sabía, y probablemente Eva tampoco, o quizá si y por eso se hartó, es q yo no tenia madera de soltero, que había perdido toda la capacidad para ligar (si es q la tuve alguna vez) y que “ponerme en circulación” me daba tanta pereza como miedo.

¿Cómo eran las chicas en el siglo XXI? ¿Habia que decirles algo en especial? Por lo visto, decían, ahora ellas querían echarte un polvo debajo de un puente y por la mañana llegar preciosas, con su traje navy y sus tacones, a una gran empresa donde eran directoras de ventas. Por lo menos esa era la idea que yo sacaba de las revistas que Eva se compraba.

Pues si eso era lo que querían... yo no iba a volver a acostarme con una tía nunca jamás. Nunca había follado con nadie en un baño de un bar, nunca había empotrado a nadie contra un lavabo sucio, la había abierto de piernas, la había sujetado con toda mi fuerza y mi pelvis se había marcado una revolución rusa de primera mano. Nunca había llegado a casa cuando Eva estaba cocinando la cena, la había cogido desde atrás, le había bajado la cremallera del pantalón y la había empezado a tocar, sin que ella me dijera nada, y después la había besado hasta que se le cayera la sartén al suelo. Nunca había tonteado con ninguna compañera del trabajo, nunca me había insinuado hasta el punto de tener una erección tan fuerte que tuviera que ir al servicio a masturbarme sin parar hasta que mi jefe entrara a mear y me pillara entregado a otros menesteres no relacionados con los seguros de vida.

Según Javi, por eso estaba hoy aquí, delante de él, tan triste y tan borracho que probablemente me reventaría la vejiga y ni siquiera me enteraría.

1 comentarios:

Puff!!! Esta historia me suena...

Tan real como la vida misma.

Mordiéndome las uñas y con pinta en mano espero la parte II.

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