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Fútbol e interés nacional


12 / mar / 2013 - José David Millán (josedeivid12). 

“Barcelona-Milan. Última oportunidad para los azulgrana de seguir con vida en la Champions. Esta noche en La1”. No hay pausa en la programación de la cadena en la que no pongan la “promo” mínimo un par de veces. Se habrán quedado sin publicidad “externa” en TVE, pero ellos venden lo suyo como nadie. Más les vale, después de gastarse 40 millones del “ala” por los derechos de emisión de la Champions League para esta temporada y las dos siguientes. Dinero que, al tratarse de una televisión pública, pagan todos los contribuyentes. La cuestión es, ¿es el fútbol un interés nacional?, y por tanto, ¿debe existir una televisión pública que cubra ese interés? 

Partiremos sabiendo que el fútbol es una de mis grandes pasiones. En el colegio, siempre era un jugador del montón, no me elegían el último, pero tampoco de los primeros. Siempre estaba dándole patadas al balón, intentando emular a los grandes de la época. El Dream Team de Cruyff, y el Mundial de Estados Unidos 94 tuvieron buena culpa de esta afición desmedida. Aquel campeonato de estrellas, con Maradona, la Brasil de Mauro Silva, Bebeto y Romario, la Italia de los Maldini, Baresi o Roberto Baggio, Caminero como estrella de nuestra selección, Hagi, Stoitchkov, Bergkamp, Dahlin… Cada vez que había un partido, aunque fuera Nigeria-Rumanía, allí que estaba yo pegado al televisor. Por aquel entonces el fútbol no había llegado a ser aún el “circo” que es ahora, mal que nos pese a los futboleros. 

Hasta 1997 no existía obligación de emitir un partido de Liga en abierto. Pero un reconocido sportinguista, por aquel entonces vicepresidente del Gobierno del PP, promulgó una Ley (denominada “Ley Cascos”) donde se justificaba la obligación de emitir un partido en abierto a la semana, ya que en España era una "tradición arraigada" desde los '60 "la práctica de retransmitir cada sábado o domingo, en emisión abierta, el partido de fútbol de primera división de mayor interés deportivo dentro de cada jornada, elegido libremente por los operadores". 

Pero en 2003 la Unión Europea paralizó la Ley en parte e incluso hubo que indemnizar a Canal Plus, que tenía la exclusividad. Que yo recuerde, TVE, laSexta, y ahora Marca TV, se han encargado de romper el monopolio que Canal Plus ha tenido durante muchos años en cuanto a la Liga. No obstante, en la actualidad vivimos en la “Guerra del Fútbol televisado”, y sólo se puede ver en abierto por privadas algún partido de Liga no muy trascendente, la Selección y uno de cada jornada de Champions League.


Su razón llevan las televisiones de pago, ya que el fútbol es ocio, y el ocio hay que pagarlo. Y mientras muchos aficionados reclaman “fútbol gratis y para todos”, los clubes, cada vez más necesitados de liquidez para efectuar traspasos que devuelvan la ilusión a sus aficiones, y además poder pagar los astronómicos sueldos que reciben sus jugadores, se oponen al fútbol en abierto, y piden más y más. Aunque parece que para subsanar la deuda de miles de millones que deben a Hacienda no tienen tanta prisa. 

Teniendo en cuenta todos estos antecedentes, y que el interés público remite a la “finalidad nacional de las acciones e instituciones de un Estado o comunidad políticamente organizada o el beneficio del conjunto de la población o los habitantes de una región o país”, se puede decir que el interés, más que nacional o general, es “privado”, de las televisiones, de los equipos y de todos los que componen este mundillo. Económico. Si no, no se entiende que el “equipo de todos”, España gane un Mundial por primera vez en su historia, y TVE no lo retransmita. O que los de Del Bosque jueguen un partido muy importante para clasificarse para el Mundial de Brasil 2014, como fue el que disputó en Bielorrusia, y que en España no se pudiera ver por ningún canal. Millón y medio de euros tuvieron la culpa. 

Si entonces no se paga, y sí se hace ahora por la Champions League, saltamos otro escaloncito, y llegamos al rincón de las Audiencias. Y parece que no es lo mismo los 10 millones de espectadores que tendrá el Barça-Milan, que los 5 o 6 que puede tener la Selección. Al final, lo que prima es el interés económico por encima de todo, por muy bonito que quede el concepto “nacional o general”, porque entonces según esa idea, habría también que echar por TVE la Euroliga. Y es que el baloncesto es el segundo deporte con más licencias federativas de nuestro país, y con millones de aficionados. 

¿Interés general o interés económico? ¿Servicio público o audiencia total? No se engañen, “la pela es la pela”, y en el fútbol el interés no es tan “público”. Más vale que se ahorrara esos millones el Gobierno y la televisión pública, puesto que no tiene sentido estar recortando en Sanidad o Educación, y no hacerlo en asuntos más “accesorios” al fin y al cabo. 

Seamos responsables, y a los que nos guste el fútbol, siempre nos quedarán los bares. Y así, además, pondremos nuestro granito de arena para contribuir al crecimiento económico de un sector que crea cientos y cientos de puestos de trabajo en España. Palabra de futbolero.

'Girls', culpa de ser chica

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28 / feb / 2013 - Ana Andújar

Gracias a la descarada afición al exhibicionismo de nuestros pensamientos hoy en día, la llamada “pornografía emocional” sobre todo en las redes sociales (aunque ya no es raro conversar en el café sobre tu estado intestinal, escuchar en un semáforo a dos veinteañeras comentar el desastre ocasionado al follar sin control los días de regla sobre el edredón del IKEA), hemos descubierto que confesar nuestros más embarazosos secretos es tan “trendy” como “disgusting”. 

Su versión más light son los “guilty pleasures”, los placeres culpables, sobre todo en forma de gustos musicales, cinéfilos o mitómanos. Si antes quedabas como un memo si te descubrían a Chenoa en el mp3, ahora es lo más reflejarlo en tu “status”, enlazar vídeos y hacerte una camiseta “vintage” noventera con una cara que te perseguirá en tus pesadillas. 

Pues yo también sé jugar a ese juego, idiotas. Y aquí tenéis mi recomendación “cool”, no exenta de autocrítica: 'Girls', otra serie de chicas que buscan su sitio en Nueva York. Y me autocensuro por la siguiente razón: ¿por qué es un “guilty pleasure” cuando podría ser un “must”, viendo 'Homeland' o 'The Americans' y quedando como una jefa? Pues porque resulta que es una serie de chicas, hecha por chicas, dirigida a chicas, con chicas de protagonistas, y que se titula “Chicas”. No nos miente. Así que la culpabilidad llega por sentirme culpable de que me guste una serie así, aunque sea buena. ¿Somos o no imbéciles las tías, imposibles de entender, a la par que adorables? No me preguntéis, yo no me soporto. 

De 'Girls' se han dicho ya muchas cosas. Que es la versión “indie” de 'Sexo en N.Y.', que retrata a una minoría blanca, de clase media, sexual y moralmente bohemias y libertinas (a lo que un crítico de 'The Atlatic' genialmente contestó: “El problema no es que refleje su pequeño mundo. Es que debería haber cabida a muchos pequeños mundos en televisión. El querer reflejarlo todo no la va ha hacer mejor”).

chicas girls lena dunham

La serie está creada por Lena Dunham, de 26 años, que escribe, dirige y actúa en la serie con otras tres chicas de principales protagonistas, cada una con su rol y problemas más o menos trillados pero no por ello menos reales. ¿Y es que acaso si miramos a nuestros amigos, a nuestra familia y a nosotros mismo, no somos un cliché? ¿No tenemos una amiga fulana? ¿Un padre secretamente extraño? ¿Un colega traidor? ¿Una ex novia psicópata? ¿Un novio repugnante del que no podemos alejarnos? 

De momento, 'Girls' cumple mis expectativas, y me ha sacado los colores más de una vez. Pero no por lo que más se ve y se comenta (la bizarra relación sexual-emocional del personaje de Luhman y su chico Adam Driver y su facilidad para mostrar una paja junto a un beso romántico, o el ligero sobrepeso tatuado de Luhman, que además se deleita apareciendo desnuda) sino por lo realista de lo patético de las mujeres, que por supuesto también existe, y que parece tabú enseñar. No por ser hembras damos menos pena que un hombre cuando la caga, cuando se enamora, cuando la jode en el trabajo o con sus amigas, en esa relación especial de roles innatamente impuestos y soportados toda una vida en una pandilla. 

Lena Duhman lo ha conseguido, y si bien la segunda temporada ya no logra el impacto de la primera, los premios la avalan (la serie tiene varios Premios de la Crítica, Globos de Oro, Emmys) y Duhman se ha convertido en la niña mimada del cine más independiente, una nueva Miranda July sin lloriqueos, una pequeña Woody Allen de cara genialmente mustia que ladra verdades. 

Ella estrena como directora de cine 'Tiny Future', y su elenco es cantera de prometedores estrenos como 'Supporting Characters' o 'Inside Lledyn Davis'. Y eso, después de escenas en las que se mezclan la masturbación, las peleas existenciales, los contratos de mierda de becario y el dinero que te sobra de la pizza y parecer creíble. La vida supongo, a veces tampoco parece creíble.

Campofrío, los payasos de la tele y la pandereta nacional

18 / dic / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa). 
fofito campofrio elcurriculumdetodos
Como debe ser. Los mismos que se pasan horas y horas despotricando contra nuestro fornido toro de Osborne y nuestra sumisa bailaora de sevillanas, ahora sonríen y dan palmas con las orejas gracias a un anuncio de una empresa que hace bien poco despidió a 1.800 trabajadores y que mediante payasos, pandereta y un pasodoble nos animan a salir de la crisis. 

Quizá esa es la España que nos merecemos. Un país sensible, emocionalmente muy susceptible, y que, pese a no gustarnos los toros, si nos ponen delante un capote, embestimos a matar. 

Bueno, dicho sea de paso que no todo son buenos comentarios y alegrías. Menos mal que queda un poco de cordura y ha habido gente que se pregunta realmente si esta imagen vale de algo. Fofito, Chiquito de la Calzada, Los Morancos, un tenista... ¿En realidad que esa es la España que anima a salir de la crisis? 

Mejor no repasaremos el galimatías de personajes que aparecen, porque te das cuenta de cuál es nuestro problema: hemos vivido bien, tenemos rentas, pero el futuro no es muy prometedor. Los Morancos, o Las Virtudes, gente de épocas muy pretéritas. Torrente, y nuestro cine, lleno de calidad. Chiquito... de este mejor pasamos. Malú, hija y sobrina, buen reflejo de la España del nepotismo. Y así, uno tras otro, si se analiza se hace el reflejo del país que tenemos en estos momentos. Campofrío se ha pasado de frenada. No ya por esos casi 2.000 despidos que llevó a cabo hace poco, sino porque hablar del AVE y las infraestructuras, es dar la explicación de por qué estamos como estamos. 

Puede ser un anuncio simpático y que busca mirar el futuro con esperanza, pero con un pasodoble, los payasos de la tele, y hablando de Velázquez, lo siento, pero no creo que vayamos a ningún lado. Sí, es entrañable, tierno, hemos sido un país que ha tenido sus logros, pero con esas gestas conseguida en otros tiempos, y bajo otras normas, no conseguiremos nada. 

I+D+i, educación, nuevas tecnologías... Vale, comprendo que a veces hay que mirar al futuro con esperanza, y en estas fechas, entrañables, queramos o no, quizá hay que ser menos pragmático. Pero que no vendan burras que no andan. De los logros hechos hace 20 años no consigue un país que no se vayan esos jóvenes que retrata Campofrío. Está muy bien que ese sea el #elcurriculumdetodos, pero como todo en la vida, ha llegado la hora de formarse en nuevos campos, ambicionar nuevas metas, y abandonar ciertas cosas.

Las tres “P” de ‘The Wire’

8 / oct / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa). 

Con todo lo que hay ya escrito sobre una de las series más vistas de los últimos años, que más premios ha obtenido, y mejores críticas ha recibido, qué se puede añadir a estas alturas. Yo diría que nada, o casi nada. Pero bueno, demos la humilde opinión desde la triple perspectiva de la “P”: Policías, Políticos y Periodistas. 

Para los neófitos en todo el intrincado social que se cuece en Baltimore durante cinco temporadas, lo cierto es que sí, la mezcla resulta tan espectacular como puede parecer la unión en hermandad de tres profesiones muy controvertidas dentro de la sociedad. En un orden de aparición temporada a temporada, primero los policías, luego los políticos, y, finalmente, los periodistas, cuando en la quinta temporada se abrazan unos a otros, parece la traca final de una perfecta sincronía de fuegos artificiales. 

‘The Wire’, pese a terminar siendo redonda y casi sublime, suele tener las mismas críticas, que por serlas, no hay que obviarlas. La primera, relacionada muy estrechamente con la segunda, aunque no sea culpa suya, es que puede ser lenta, desquiciantemente lenta. Nada se resuelve en un instante, no hay momentos apocalípticos donde los buenos ganan a los malos y un tio con gafas de sol se lleva a la piva pechugona, eso no es ‘The Wire’. La segunda, que no es tanto crítica, pero sí realidad, es que no todos los estómagos pueden digerir esta serie. No se trata de entronar a quienes la ven, pero por sus características, más propias del cine negro en estado puro, no valdría para ser emitida en ‘prime time’ un lunes en TeleCinco. Y eso ya dice mucho. 

Pero volviendo a nuestra letra mágica, la “P”, en primer lugar hablemos de los policías. Cuando preguntas sobre la serie te dicen, “es policíaca… bueno, realmente no lo es”. Quizás sea la mejor definición que se le puede dar a ‘The Wire’: una serie de policías, pero que no va sobre policías. Realmente se trata de una mirada transversal de una de las ciudades más “normales” de EEUU. Podría ser la tuya, la de al lado, o la de más allá. Baltimore tiene drogas, corrupción, putas, un sistema educativo sin recursos, camellos, maleantes, trapichas, falta de financiación pública, canallas… Pero lo que no tiene Baltimore son malos ni buenos. Quizás sea esta una característica muy compleja, pero a fin de cuentas muestra una realidad, y es que en la vida ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. 

Los policías hacen su trabajo. Lo hacen lo mejor que pueden, sin dinero en unas ocasiones, con pocos recursos en otras. Problemas personales, familiares, de amor… ‘The Wire’ retrata al cuerpo de policía de Baltimore con una realidad masticable en cada uno de sus personajes. Además, la actuación policial viaja en paralelo a la realidad, y aquí es donde vienen algunas de sus críticas. Es decir, el proceso policial, la justicia, sus trámites, todo es lento, angosto, complicado. No tenemos costumbre, en otras series, de ver ese proceso, y en ‘The Wire’ se muestra de una manera muy explícita, y ahí es donde hay que relajarse, centrarse y disfrutar. 

La siguiente “P” viene de la mano de los políticos. Aparecen de forma clara, directa, y tomando un papel protagonista en la tercera temporada. Toda su intervención, por desgracia, es muy conocida en España. Corrupción, tráfico de influencias, prevaricación, nepotismo… En lo que respecta a la actuación propiamente política, es eso, no hay más. Con el estilo thewiresco, eso sí, pero a fin de cuentas la vida de políticos “normales”. 

Después, en su relación con los de las otras dos “P”, policías y periodistas, de nuevo todo resulta familiar. Filtraciones, presiones, miedos, “extraños amigos de cama”, nada que no conozcamos a estas alturas. 


La parte política, y quizás por ser un enfermizo fan de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, me parece que podría estar mejor tratada. No obstante, refleja a la perfección el nivel de la casta política local y cómo se mueven por los distintos intereses en las distintas campañas electorales. 

Por último, la “P” que me más salpica, la de los periodistas. Con su aparición estelar en la quinta y última temporada, cierran la cuadratura de un círculo abierto desde el primer capítulo en el que se resuelve la trama heredada desde los primeros personajes. 

Problemas de despidos, que les vamos a contar, ajuste de plantillas, luchas por contar buenas historias, éticas profesionales de dudosa certificación... Y, nuevamente, empapados por la relación con los diferentes cargos políticos, así como con la policía. 

En definitiva, ‘The Wire’ tiene un reparto coral que ayuda a que cada grupo de personajes influya de manera decisiva en los demás. Sin malos ni buenos, se trata de una serie para paladear lentamente. Aquí no valen los atracones de tres y cuatro capítulos a la vez, se trata de disfrutar de cada capítulo como una pieza única. 

Sin duda, tras ver ‘The Wire’, las reflexiones saltan a la cabeza de una manera muy inquietante. El hecho de que haya individuos abandonados por la sociedad y cuya salida sea el acto delictivo, no es más que el fin de un engranaje que empieza en los despachos de cualquier consistorio local, y termina en la esquina de un suburbio con la compra-venta de droga. Por medio, un sistema corrupto y acechado por intereses personales, economías ahogadas por malas gestiones, sistemas educativos rotos por personas incapaces de tomar decisiones acertadas, y consecuencias pagadas, en muchos casos, por los eslabones más débiles de la sociedad. 

Si no has visto ‘The Wire’, ya estás tardando…

Periodismo, ahora más que nunca

26 / sep / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).

Las portadas de La Razón, Intereconomía y su toro, laSexta zapateril, el difunto Público y su ciencia, los bandazos del Grupo Prisa, el centenario ABC, todos los nuevos nativos digitales... Una cuestión está muy clara: quien diga que hay manipulación mediática es porque no tiene la voluntad de apagar la televisión y enfrentarse a escoger entre la diversidad existente de medios.

Radio, prensa, televisión, redes sociales, nunca ha habido tantos canales y tanta diversidad para obtener información. Por eso, y en el día de hoy es inevitable eludir el tema, del 25-S voy a quedarme con esos gritos de "televisión, manipulación", o todos los berridos e improperios que se lanzaron contra periodistas. Dicho sea de paso que estoy a favor de los que estaban del cordón policial hacia Neptuno, pero eso es otro tema.

Sobre los medios, su manipulación y demás nadedades que han calado en el imaginario colectivo, creo que la gente no es consciente del importante papel que juega el periodismo estos días. Ahora bien, esta profesión, como otra cualquiera, ha ido sufriendo modificaciones a lo largo de la historia, y una muy significativa es que los medios han confluido en una tendenciosidad muy evidente, un partidismo recalcitrante, y, en ocasiones, una mezquindad bastante peculiar. No obstante, ¿cuál es el problema de que exista La Razón, TeleMadrid o laSexta, y "manipulen" su información?

Ya, claro, el ciudadano quiere un medio que sea objetivo, veraz, participativo... De hecho, quiero muchos así. Pues lo siento, eso nunca ha existido, y nunca existirá. Entonces, se preguntará el lector, ¿cómo puedo informarme bien de lo que sucede?, ¿eso es imposible?

No, falso. Desde el centro izquierda de El País, al centro derecha de El Mundo, pasando por la extrema derecha de ABC y La Gaceta, hasta la neoderecha de La Razón, hay muchas posibilidades. En dos versiones, papel y sus ediciones digitales. Pero no solo eso, asimismo hay tres diarios económicos (Expansión, Cinco Días y elEconomista), que a su vez cuentan también con versión online y en papel. Y sigue habiendo más, tenemos el mundo nativo digital, con portales lanzados a la derecha como Libertad Digital, pero también los hay que apuestan por los temas sociales como laInformacion.com, o el nuevo eldiario.es. Y no es todo, están los medios que indagan en la actualidad económica y empresarial como El Confidencial o Voz Pópuli...

Luego tenemos las radios y todo el espectro que existe. Por no mencionar las televisiones, que van de laSexta a Intereconomía, pasando por las de Mediaset... Y ahora pregunto, con todo esto, ¿de verdad alguien se puede sentir manipulado? Lo siento, pero no lo creo. Como bien debatía con Jesús Martínez en su Blog, los medios hacen el trabajo que hacen, que a veces será bueno, y otras malo, pero estamos en un tiempo en que los ciudadanos tienen que cambiar su papel, el rol debe ser distinto.

Ahora, ante la oferta existente en cuanto a medios, hay que buscar el que mejor se adpate a nuestra forma de pensar, ir a los mejores editoriales, contrastar, ver una, dos o tres fuentes si de verdad queremos ser ciudadanos informados. Me duele ver y escuchar a todas esas personas que en la manifestación de ayer se ofuscan contra los medios, como si solo hubiera uno. No, lo siento. Ciudadano responsable, es tu misión separar la paja del grano, coger lo bueno, mirar con desconfianza lo malo. Cada medio hace su trabajo de la mejor forma que cree o puede.

Claro que hay medios que mienten deliberadamente y se fundamentan en la tendenciosidad, pero ahora, más que nunca, se necesita periodismo. Del bueno y del malo, televisado y escrito, en prensa y radio, de izquierdas y derechas, de titulares y profundo, amarillo y del corazón, deportivo y científico... Pero sobre todo periodismo hecho por profesionales y con profesionalidad. Pero también, para que el juego sea verdadero, se necesita de lectores con criterio, dispuestos a contrastar, verificar, y exigir lo que quieren.