Las tres “P” de ‘The Wire’

8 / oct / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa). 

Con todo lo que hay ya escrito sobre una de las series más vistas de los últimos años, que más premios ha obtenido, y mejores críticas ha recibido, qué se puede añadir a estas alturas. Yo diría que nada, o casi nada. Pero bueno, demos la humilde opinión desde la triple perspectiva de la “P”: Policías, Políticos y Periodistas. 

Para los neófitos en todo el intrincado social que se cuece en Baltimore durante cinco temporadas, lo cierto es que sí, la mezcla resulta tan espectacular como puede parecer la unión en hermandad de tres profesiones muy controvertidas dentro de la sociedad. En un orden de aparición temporada a temporada, primero los policías, luego los políticos, y, finalmente, los periodistas, cuando en la quinta temporada se abrazan unos a otros, parece la traca final de una perfecta sincronía de fuegos artificiales. 

‘The Wire’, pese a terminar siendo redonda y casi sublime, suele tener las mismas críticas, que por serlas, no hay que obviarlas. La primera, relacionada muy estrechamente con la segunda, aunque no sea culpa suya, es que puede ser lenta, desquiciantemente lenta. Nada se resuelve en un instante, no hay momentos apocalípticos donde los buenos ganan a los malos y un tio con gafas de sol se lleva a la piva pechugona, eso no es ‘The Wire’. La segunda, que no es tanto crítica, pero sí realidad, es que no todos los estómagos pueden digerir esta serie. No se trata de entronar a quienes la ven, pero por sus características, más propias del cine negro en estado puro, no valdría para ser emitida en ‘prime time’ un lunes en TeleCinco. Y eso ya dice mucho. 

Pero volviendo a nuestra letra mágica, la “P”, en primer lugar hablemos de los policías. Cuando preguntas sobre la serie te dicen, “es policíaca… bueno, realmente no lo es”. Quizás sea la mejor definición que se le puede dar a ‘The Wire’: una serie de policías, pero que no va sobre policías. Realmente se trata de una mirada transversal de una de las ciudades más “normales” de EEUU. Podría ser la tuya, la de al lado, o la de más allá. Baltimore tiene drogas, corrupción, putas, un sistema educativo sin recursos, camellos, maleantes, trapichas, falta de financiación pública, canallas… Pero lo que no tiene Baltimore son malos ni buenos. Quizás sea esta una característica muy compleja, pero a fin de cuentas muestra una realidad, y es que en la vida ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. 

Los policías hacen su trabajo. Lo hacen lo mejor que pueden, sin dinero en unas ocasiones, con pocos recursos en otras. Problemas personales, familiares, de amor… ‘The Wire’ retrata al cuerpo de policía de Baltimore con una realidad masticable en cada uno de sus personajes. Además, la actuación policial viaja en paralelo a la realidad, y aquí es donde vienen algunas de sus críticas. Es decir, el proceso policial, la justicia, sus trámites, todo es lento, angosto, complicado. No tenemos costumbre, en otras series, de ver ese proceso, y en ‘The Wire’ se muestra de una manera muy explícita, y ahí es donde hay que relajarse, centrarse y disfrutar. 

La siguiente “P” viene de la mano de los políticos. Aparecen de forma clara, directa, y tomando un papel protagonista en la tercera temporada. Toda su intervención, por desgracia, es muy conocida en España. Corrupción, tráfico de influencias, prevaricación, nepotismo… En lo que respecta a la actuación propiamente política, es eso, no hay más. Con el estilo thewiresco, eso sí, pero a fin de cuentas la vida de políticos “normales”. 

Después, en su relación con los de las otras dos “P”, policías y periodistas, de nuevo todo resulta familiar. Filtraciones, presiones, miedos, “extraños amigos de cama”, nada que no conozcamos a estas alturas. 


La parte política, y quizás por ser un enfermizo fan de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, me parece que podría estar mejor tratada. No obstante, refleja a la perfección el nivel de la casta política local y cómo se mueven por los distintos intereses en las distintas campañas electorales. 

Por último, la “P” que me más salpica, la de los periodistas. Con su aparición estelar en la quinta y última temporada, cierran la cuadratura de un círculo abierto desde el primer capítulo en el que se resuelve la trama heredada desde los primeros personajes. 

Problemas de despidos, que les vamos a contar, ajuste de plantillas, luchas por contar buenas historias, éticas profesionales de dudosa certificación... Y, nuevamente, empapados por la relación con los diferentes cargos políticos, así como con la policía. 

En definitiva, ‘The Wire’ tiene un reparto coral que ayuda a que cada grupo de personajes influya de manera decisiva en los demás. Sin malos ni buenos, se trata de una serie para paladear lentamente. Aquí no valen los atracones de tres y cuatro capítulos a la vez, se trata de disfrutar de cada capítulo como una pieza única. 

Sin duda, tras ver ‘The Wire’, las reflexiones saltan a la cabeza de una manera muy inquietante. El hecho de que haya individuos abandonados por la sociedad y cuya salida sea el acto delictivo, no es más que el fin de un engranaje que empieza en los despachos de cualquier consistorio local, y termina en la esquina de un suburbio con la compra-venta de droga. Por medio, un sistema corrupto y acechado por intereses personales, economías ahogadas por malas gestiones, sistemas educativos rotos por personas incapaces de tomar decisiones acertadas, y consecuencias pagadas, en muchos casos, por los eslabones más débiles de la sociedad. 

Si no has visto ‘The Wire’, ya estás tardando…

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