Europa desencadenada


18 / feb / 2013 - Ana Andújar

Si un europeo viaja a Estados Unidos y mantiene una ligera conversación con un buen americano, de esos que le echan mostaza a su padre y conducen largas rancheras que no sirven para nada, y logra entrar en materia geográfica, y consigue que el autóctono cowboy se preocupe por su ubicación en la tierra, y ese tal yanqui retuerce el gesto cuando cerca el GPS a Europa, temiendo que el forastero lo sitúe en algún otro lugar que Woody Allen no haya retratado (tan idílica como pastosamente) en sus últimas películas, ¡no se extrañe, narices! Está usted en la tierra de las oportunidades…si es americano, claro. 

Y es que en la cultura (aquí ya hablamos de cine) los artistas europeos siempre se sentirán como ese turista enojado al que le jode que sitúen Sevilla en África central. Les da asco, pero gustito al mismo tiempo (“estos yanquis… nunca aprenderán a valorar la buena mierda”). 

Pero, ¿tan bueno es lo de fuera y tan mal bouquet tienen los americanos? ¿No será que en Europa también hacemos ñordas como pianos y no merecemos estar en sus galas, esas que montan en la televisión como algo normal -“Saturday Night Live” lleva desde los 70’ haciendo de la caja tonta todo un divertimento… aquí teníamos “Noche de Fiesta”- las de investir a un presidente -aquí tenemos a viejos defraudadores y feos en un hemiciclo vetusto y más aburrido que sus propias caras-, aunque digamos que mola mucho más ser too-cool del viejo continente y saborear sobrias veladas con subtítulos que nadie entiende? 

En lo que estamos nosotros, los Oscar son un ejemplo y cada año nos empeñamos en analizarlos. ¿Tan maltratado ha sido el cine europeo a lo largo de los años para que ahora a los críticos se les haga el trasero trinaranjus porque Haneke ha metido el hocico en la máxima categoría (mejor película)? Pues sinceramente, sí. Pero qué esperaban. ¿Que Peggy Sue y el pequeño Jimmy se abrazaran para disfrutar de 'Funny Games'? ¿Que Bush fuera ferviente admirador de Bergman? ¿Que Charlon Heston posara sus -frías y muertas, en un futuro próximo, si hay suerte- manos en un film de Herzog? 

Este año hay una tímida representación europea en los Oscar, como todos los años, y como todos los años, a los medios nos encanta preguntarnos por qué. (¿Será porque es una ceremonia estadounidense?) Pero quizá también se preguntan lo mismo lo principales artistas del gremio asiático, indio, y ¡anda! latinoamericano.


Si nos ponemos a rebuscar, el 2013 sólo nos deja la citada 'Amor' de Haneke (mejor película, película de habla no inglesa, guión, dirección y actriz), al español Paco Delgado por el vestuario de 'Los Miserables' y alguna que otra limosna, que en el fondo, a todo el mundo le gusta recibir. Es su juego y son sus reglas. Incluso cuando entra a jugar el tonto de la clase: la iraní 'Un terrón de azúcar', que había sido nominada por la Academia, tuvo que ser retirada por la prohibición del gobierno de Ahmadineyad. Vaya dos patas pa’ un banco. 

Hay que echar la vista atrás para comprobar lo que se quedó en el camino de los Oscar (a pesar de ser nominadas) y el tiempo ha premiado como las obras maestras que son: la francesa 'Los 400 golpes', la brasileña 'Ciudad de Dios', la alemana 'El hundimiento', la italiana 'Ladrón de bicicletas', la sueca 'Déjame entrar', la coreana 'Pietá', la española 'Plácido' del gran Berlanga. 

Así que “don’t panic”. No hay que montar en cólera con un pueblo que hasta hace pocos siglos no tenían ni zapatos pero nos patearon el culo (en el show business en particular, entre otros en general) nuestro brillante culo europeo, en esa manera de hacer que el espectáculo deba continuar.

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