26 / nov / 2012 - Paula Lax (@Adadepaula).
En los últimos años estamos viviendo un resurgimiento del género fantástico que, supongo, debemos agradecer al éxito de películas como ‘El señor de los anillos’ o de la serie de HBO, ‘Juego de tronos’. Resulta curioso que durante mucho tiempo los aficionados a este tipo de literatura siempre han sido tratados de “frikis”, y ahora, en cualquier bar, escuchas a gente hablando de inviernos que se acercan o declarando que algún otro “es un orco”.
Soy consciente de que no todos estamos igualmente preparados para una notoria evasión de la realidad de tres mil páginas, ya que este tipo de literatura suele presentarse en forma de trilogías – o heptalogías si hablamos de ‘Canción de hielo y fuego’ o ‘Harry Potter’ – y suelen tener una extensión considerable. Sin embargo, para los que os sintáis con ganas, debo recomendar fervientemente uno de los últimos éxitos del género: 'El nombre del viento. Crónica de un asesino de reyes, día primero'.
“Me llamo Kvothe.
He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con Dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
Quizás hayas oído hablar de mí. Ésta es mi auténtica historia”.
Así comienza el protagonista de ‘El nombre del viento’ a narrar su historia. Así es como, con unas pocas líneas, te arrastra a un mundo que ni siquiera conoces y que te atrapará. ¿Dónde está (o estaba, ya que la quemó) la ciudad de Trebon? ¿Qué o quién es Felurian?
'El Nombre del Viento' es la primera novela de Patrick Rothfuss, un profesor de filología de la Universidad de Wisconsin que, como es habitual dentro de este género, tuvo que acudir a muchas editoriales antes de poder ver nacer su opera prima en 2007. Sin embargo, y como también es habitual, la novela se convirtió muy pronto en un éxito de ventas y, algo no tan habitual, fue muy bien recibida por la crítica, que aventuró que se convertiría en un clásico o que es un libro que puede tutear al ‘El señor de los anillos’ en una estantería. Yo, personalmente, no diría tanto, pero sí la considero una gran novela, muy bien escrita y con un ritmo muy ágil.
Rothfuss, desde el principio de la obra, consigue crear un ambiente lleno de magia y misterio. Una historia a veces alegre, y otras muy cruda, de la que no te puedes despegar. Con capítulos cortos que siempre te invitan a leer uno más, el libro te envuelve por completo.
Kvothe, su protagonista, a ratos héroe, y a ratos villano, es un personaje tremendamente carismático. Su labor es contarnos su “auténtica historia” en tres días (uno por libro). Su infancia y juventud, su primer amor y su ingreso a la Universidad, con sus éxitos y sus fracasos. Quieres conocerle, quieres aprender con él, que no de él, quieres escuchar su música y revolver su pelo rojo.
Recuerdo cómo mientras leía imaginaba su adaptación al cine o a televisión (algo que ocurrirá, creedme) y me regodeaba sólo con la idea de poder ver lo que estaba leyendo. El acierto de Rothfuss, que estuvo trabajando durante 14 años en esta obra, ha sido el de crear un mundo de fantasía que se acerca más a “lo insólito” que a “lo maravilloso”. Esto es, sabes que se trata de una novela fantástica, pero la mayor parte del tiempo, lo que lees sólo resulta difícil de creer, pero no imposible. Trata temas cercanos como el amor, la pérdida, la amistad, la ambición o el fracaso, y eso es lo que la convierte en una buena obra.
Sin duda, ‘El nombre del viento’ ya tiene un lugar privilegiado en la estantería de los aficionados al género fantástico, pero también en la de muchos que no lo son. Totalmente recomendable, sobre todo cuando, como yo, ya has leído su segunda parte, ‘El temor de un hombre sabio’, que vio la luz en noviembre de 2011, y de la que el mismísimo George R.R Martin dijo haberla devorado en un solo día, todo un reto teniendo en cuenta que son 1.200 páginas.


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