9 / nov / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).
La campana ha sonado. El público espectante aguarda en silencio ante la cámara de gas. El reo, con la mirada fija en la punta de sus zapatos, y sabiendo que el futuro a corto plazo no está de su lado, se deja arrastrar por el carcelero. Todo da lo mismo, de ahora en adelante nadie sabe lo que sucederá, solo que su vida no será la misma.
Quizás el símil sea un poco macabro, puesto que solo la pérdida de la vida es el fin. Pero lo cierto es que el actual mercado laboral se ha convertido en un corredor de la muerte por el que todo los días circulan cientos de personas hacia las insufribles colas del paro. Grandes, pequeñas, medianas, matrices, grandes multinacionales, con sede fuera o dentro, da lo mismo, los despidos son la receta diaria para un enfermo, España, que no tiene cura.
Compañías del motor, empresas energéticas, aerolíneas, sector servicios, hasta las basuras, da lo mismo, no hay empresa que estos días no tenga sobre la mesa un ERE, despidos, jubilaciones forzosas, o cualquier experimento empresarial que dé con el trabajador en la calle.
Ahora bien, ¿en realidad la única vía de escape para todo esto son los despidos? En los países en los que existe la pena de muerte, el reo, una vez que es juzgado, no tiene más remedio que acatar la sentencia, por dolorosa que sea, y encarar el camino de su cadalso con la mayor de las virtudes. Pero repasando algunos de estos casos anteriormente citados en los que la gente "se va a la calle", algo me dice que su juicio no ha sido del todo justo.
Consejeros con sueldos un tanto elevados, malas gestiones administrativas, reorganizaciones empresariales de dudosa visión de futuro... Tras el ERE que ha presentado Viajes el Corte Inglés, compartí en mi perfil de Twitter un tweet que venía a decir que se podía hacer algo más, que el asunto de los despidos empieza a ser un mal vicio para empresarios que no saben gestionar sus bienes y de cuya carga hacen responsable a los empleados. Es decir, el planteamiento es el siguiente: no soy competitivo, pierdo capacidad, no solvento la deuda engendrada, la innovación me pilla a desmano, no tengo las herramientas necesarias para ser más productivo... Solución: despido a la gente y así ahorro costes.
Si a estas alturas de la película de verdad creemos que los despidos son la vía para aumentar la producción, es que no se ha entendido nada. El ejemplo de Viajes El Corte Inglés es muy práctico. Hago un ERE con reducción de jornada, con lo que implica de su sueldo, para ser, presuntamente, más productivo. Bien, tiene sentido, porque a lo mejor sus empleados no necesitan 7 o 8 horas de trabajo, ¿pero eso no lo sabían cuando iniciaron su tarea?, ¿no habría que haber tenido en consideración el factor mano de obra/producción/rendimiento? Lo que pretendo expresar es que todo eso son fallos del empresario que termina pagando el trabajador.
Lo malo en toda esta película de terror es que nadie quiere recapacitar y observar que con la destrucción de puestos de trabajo no se aumenta la producción realmente, sino que solo se han reducido los costes, por lo que seguiré sin mejorar mi posición en el mercado.
Quizás sea tarde para enmendar todos estos errores, y cuando nos demos cuenta del roto que se está haciendo al tejido productivo español sea muy tarde. Luego vendrán los lamentos, aunque algo me dice que seguirán pagando los mismos.




0 comentarios:
Publicar un comentario