Buscando la televisión perfecta

3 / sep / 2012 - Rebeca Arroyo (@rebearroyo).

Os propongo un ejercicio de pura fantasía para intrépidos en el arte de soñar. Visualicemos una televisión de calidad, independiente del partido político de turno, libre de amarillismos, veraz e inteligente. No, en serio, comprendo que es complicado, pero intentémoslo, puede ser divertido.

Ya que estamos, sigamos con la utopía: pensemos en una cadena en la que tengan cabida documentales, entrevistas de interés, debates sobre actualidad, informativos que no sean un refrito de agencias o un cúmulo de noticias sensacionalistas.

Demos un paso más: supongamos además que dicha cadena no tiene como fin último (y único) sumar audiencias, buscar rentabilidad, hacer caja, mejorar ingresos y llenar su programación de publicidad.

Ahora alimentemos un poco más la fantasía. Evoquemos programas que, además de entretener, puedan enseñarnos algo. Espacios que eduquen, aviven nuestro discurso, potencien nuestros conocimientos y alienten nuestra creatividad.

Dejemos a un lado la 'crisis', término recurrente para explicar decisiones difíciles que, reconozcámoslo, se deben adoptar pero que sirve, además, de excusa para llevar a cabo todo tipo de tropelías indecentes.

¡Ésto se pone interesante!. Seamos intrépidos. Esta cadena sera además plural, no tendrá miedo a ofender a potenciales anunciantes y estará al servicio de las audiencias, también del espectador que no se conforma con ese gran invento autodenominado '¿periodismo? del corazón', que con una inversión casi igual a 'cero' suma adictos y llena los bolsillos de algunos parásitos con el, eso sí, beneplácito y aplauso de las masa 'bien' adiestradas.

Una vez configurado, bauticemos este medio ficticio. Permitámonos una tregua que el esfuerzo realizado hasta ahora ha sido arduo. Así que nada de florituras. simplemente llamémosle “ente público”, por eso de que está “al servicio de todos”.

Esta televisión pública estará conformada por profesionales independientes, cualificados y competentes que se mantengan al margen de filias y fobias políticas y que desempeñen su trabajo con honradez y transparencia y los gobiernos no modificarían las leyes para poder controlarla. Este fenómeno se podría resumir en unas pocas palabra: TELEVISIÓN DE CALIDAD.

Por último, imaginemos que no es una fantasía, que es posible, es más, que el público lo demanda, que la sociedad lo merece y que las nuevas generaciones lo necesitan. ¡Qué vértigo!

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