8 / may / 2012 - Ruth Uris (@RUris).
'Espejo negro', el oscuro reflejo que nos devuelve una pantalla cuando está apagada, ha sido el nombre que Charlie Brooker le ha puesto a su última criatura. Una oscuridad que infesta los tres capítulos de esta miniserie británica que conforma una de las mejores reflexiones postmodernas sobre la relación de los humanos con la tecnología y cómo esta misma tecnología cambia la relación entre humanos.
Sí, aquí vais a encontrar spoilers. Si seguís leyendo será bajo vuestra propia responsabilidad, así que dejad la lectura si queréis sorprenderos cuando veáis la serie.
Bien, para los atrevidos que siguen con nosotros, debéis saber que os encontráis ante una de las series del año. Miniserie, mejor dicho. Parece increíble que alguien haya ideado esta genialidad y que una televisión se haya atrevido a emitirla.
El himno nacional
Es el primer capítulo en el que el Primer Ministro británico tiene que tener sexo con una cerda (literalmente, de las que se rebozan en estiércol) en directo en televisión a las 16h de la tarde si quiere salvar la vida de una celebridad secuestrada. El asunto podría mantenerse en secreto si no fuese por las redes sociales, por las que corre raudo y veloz el vídeo de la chica secuestrada y los requisitos para que sea liberada.
Quizá es algo exagerado, pero con el auge de Facebook, Twitter y demás familia no parece tan extraño que algo así pudiese ocurrir en nuestros días. Aunque los asesores del Primer Ministro procuran por todos los medios atrapar al secuestrador, al final no le queda más remedio que cumplir lo que se le pide. La chica es liberada a las 3 y media, pero nadie se da cuenta porque todos permanecen pegados al televisor viendo el espectáculo.
¿Por qué la suelta antes? Probablemente el secuestrador sabía que nadie podría negarse a hacer lo que fuera por salvar una vida humana. Incluso en una época en la que limitamos nuestro pensamiento a 140 caracteres y disfrutamos del dolor y la angustia ajena a través de una pantalla.
15 millones de méritos
Un mundo calculado. Un futuro incierto. Todos rodeados de tecnología. Una vida en la que lo único a lo que se aspira es a ser una estrella televisiva. En este capítulo los protagonistas deben correr todo el día en una bici estática para conseguir ‘méritos’, lo que en nuestro mundo sería dinero.
Además, hay que mantener un buen peso, o de lo contrario serás relegado a limpiar la basura de los demás y a soportar burlas y calumnias. Rodearlo de cierto aire futurista no cambia que el fondo de este segundo episodio es tan actual como el anterior. Aunque asoma un pequeño atisbo de esperanza en forma de amor, la realidad se impone a todos en esa mezcla de vida real y ‘reality show’. Sobre todo si tenemos en cuenta que el protagonista protesta por la vida que llevan todos y su pasión hace que le ‘callen’ dándole su propio programa de televisión. Al final, hasta las iniciativas más sinceras y los principios más rectos acaban siendo pervertidos por el ambiente.
Toda tu historia
¿Qué pasaría si toda nuestra vida quedase grabada en nuestro interior a través de un aparato y pudiésemos revisarla siempre que quisiésemos? El ser humano como disco duro andante que se obsesiona con cada detalle, ampliándolo, compartiéndolo, consultándolo una y otra y otra vez. Si esto no es sano para nadie, mucho menos lo es para un matrimonio, sobre todo si hay un gran secreto oculto que jamás debe ver la luz. Por supuesto, la mentira se revela y la vida del protagonista (al que conocemos gracias a la magnífica ‘Rock N Rolla’ de Guy Ritchie) se convierte en la de un yonqui de los recuerdos que vaga en una casa en la que cada rincón le recuerda a su esposa.
Quizá el tercer capítulo es el más imposible de todos por la tecnología utilizada, aunque sí es cierto que grabamos muchos momentos de nuestras vidas y los compartimos públicamente a través de las redes sociales con lo que creamos una memoria externa de nosotros mismos. ¿Podría ocurrir de verdad lo que ha creado la genial mente de Brooker? Él mismo confiesa en una entrevista que lo que busca no es señalar con el dedo acusando que toda la tecnología es mala, sino explorar posibles ‘¿Y si…?’. “La idea es que sea como un surtido de galletas que te ofrece un sociópata mientras sonríe”. Escalofriante y atractivo a la vez, ¿verdad?
Sí, aquí vais a encontrar spoilers. Si seguís leyendo será bajo vuestra propia responsabilidad, así que dejad la lectura si queréis sorprenderos cuando veáis la serie.
Bien, para los atrevidos que siguen con nosotros, debéis saber que os encontráis ante una de las series del año. Miniserie, mejor dicho. Parece increíble que alguien haya ideado esta genialidad y que una televisión se haya atrevido a emitirla.
El himno nacional
Es el primer capítulo en el que el Primer Ministro británico tiene que tener sexo con una cerda (literalmente, de las que se rebozan en estiércol) en directo en televisión a las 16h de la tarde si quiere salvar la vida de una celebridad secuestrada. El asunto podría mantenerse en secreto si no fuese por las redes sociales, por las que corre raudo y veloz el vídeo de la chica secuestrada y los requisitos para que sea liberada.
Quizá es algo exagerado, pero con el auge de Facebook, Twitter y demás familia no parece tan extraño que algo así pudiese ocurrir en nuestros días. Aunque los asesores del Primer Ministro procuran por todos los medios atrapar al secuestrador, al final no le queda más remedio que cumplir lo que se le pide. La chica es liberada a las 3 y media, pero nadie se da cuenta porque todos permanecen pegados al televisor viendo el espectáculo.
¿Por qué la suelta antes? Probablemente el secuestrador sabía que nadie podría negarse a hacer lo que fuera por salvar una vida humana. Incluso en una época en la que limitamos nuestro pensamiento a 140 caracteres y disfrutamos del dolor y la angustia ajena a través de una pantalla.
15 millones de méritos
Un mundo calculado. Un futuro incierto. Todos rodeados de tecnología. Una vida en la que lo único a lo que se aspira es a ser una estrella televisiva. En este capítulo los protagonistas deben correr todo el día en una bici estática para conseguir ‘méritos’, lo que en nuestro mundo sería dinero.
Además, hay que mantener un buen peso, o de lo contrario serás relegado a limpiar la basura de los demás y a soportar burlas y calumnias. Rodearlo de cierto aire futurista no cambia que el fondo de este segundo episodio es tan actual como el anterior. Aunque asoma un pequeño atisbo de esperanza en forma de amor, la realidad se impone a todos en esa mezcla de vida real y ‘reality show’. Sobre todo si tenemos en cuenta que el protagonista protesta por la vida que llevan todos y su pasión hace que le ‘callen’ dándole su propio programa de televisión. Al final, hasta las iniciativas más sinceras y los principios más rectos acaban siendo pervertidos por el ambiente.
¿Qué pasaría si toda nuestra vida quedase grabada en nuestro interior a través de un aparato y pudiésemos revisarla siempre que quisiésemos? El ser humano como disco duro andante que se obsesiona con cada detalle, ampliándolo, compartiéndolo, consultándolo una y otra y otra vez. Si esto no es sano para nadie, mucho menos lo es para un matrimonio, sobre todo si hay un gran secreto oculto que jamás debe ver la luz. Por supuesto, la mentira se revela y la vida del protagonista (al que conocemos gracias a la magnífica ‘Rock N Rolla’ de Guy Ritchie) se convierte en la de un yonqui de los recuerdos que vaga en una casa en la que cada rincón le recuerda a su esposa.
Quizá el tercer capítulo es el más imposible de todos por la tecnología utilizada, aunque sí es cierto que grabamos muchos momentos de nuestras vidas y los compartimos públicamente a través de las redes sociales con lo que creamos una memoria externa de nosotros mismos. ¿Podría ocurrir de verdad lo que ha creado la genial mente de Brooker? Él mismo confiesa en una entrevista que lo que busca no es señalar con el dedo acusando que toda la tecnología es mala, sino explorar posibles ‘¿Y si…?’. “La idea es que sea como un surtido de galletas que te ofrece un sociópata mientras sonríe”. Escalofriante y atractivo a la vez, ¿verdad?


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