10 / abr / 2012 - Antonio S. Capel.
Visto, lo visto, se dijo, "o jodemos todos o la puta al río" (con perdón de los ofensibles): escribió una notita culpando a los que le quería robar sus últimos días, probablemente sabedor de que sería incendiaria, y se suministró un disparo en la sién. Un tiro en la cabeza para salir por la puerta grande y de paso levantar a un país en armas. Eso es tener más clase, dignidad y valentía de la que sus gobernantes jamas tendrán.
Servidor, que creció en los plácidos '80 y '90, aprendió varias lecciones sobre dignidad entre chinarro y balones de cuero pelados. En los patios de colegio salpicados de vaqueros con rodilleras, camisetas de 'Mazinger Z' y profesoras con hombreras había tres máximas inviolables. Pasara lo que pasara y por muy despreciable que fuera el contrario (que igual hasta había insinuado que Javier Clemente era un poeta del fútbol) no se pegaba por la espalda, no se machacaba al caído y, regla de reglas, no se toleraban golpes en las joyas de la familia.
Siempre me pareció fascinante ver como el indigno vencedor era repudiado casi de por vida (ya puede llegar a director de banco que siempre será el que le crujió las nueces al Javi cuando estaba en el suelo) y al vencido lo arropaba un halo de dignidad que yo juraría haber visto fosforecer incluso. Hasta daban ganas de hacerse amiguete suyo.
Resulta cada vez más duro ver como, en nuestros tiempos de politicastros, ladrilleros oportunistas, granhermanos y hermanosmenores, la idea de dignidad se diluye ante la de ganar como sea a quien sea y si puede ser ensañándose con el perdedor. Así las cosas, estos ejemplos de caídas dignas que arrastran al injusto vencedor me provocan unas mariposas en el estómago que sólo siento cuando recuerdo el verdadero sentido de la Navidad o como en el restaurante chino de debajo de casa.
La fascinación es tal que me ha llevado a descartar el texto que tenía reservado al peinado de Juan Manuel de Prada para dedicar mi espacio a dos ejemplos de dignidad cinematográfica.
KOWALSKI ('Gran Torino', 2008, Clint Eastwood) Es un viejo anacrónico, racista, misántropo, malencarado y sin un atisbo de cordialidad. Dicho así parece casi imposible sentir un mínimo de empatía hacia el veterano de la guerra de Corea Walt Kowalski. Hasta que decide enfrentarse a una pandilla callejera armado con... su dedo.
El gigante, preciosista y efectivo Clint Eastwood sabe cómo crear un icono del cine en 4 tomas. Travis Bickler, Bond, Harry el Sucio y Kowalski: todos apuntan con sus armas pero la de este último es tan frágil que le otorga el doble de valor.
Es la crónica de una derrota anunciada pero con el valor añadido de que hace esa cosa tan española de llevarse por delante a todos los que pueda. Seamos dignos pues. Evitemos los disparos en las sienes, que dicen que duelen, pero disfrutemos oliendo el miedo y saboreando el desprecio de los injustos ganadores.
Yo por mi parte apoyo la canonización de Christoulos. Santo patrón de los dignos, padre fundador de una nueva Grecia. Por lo menos espero que los asesinos de este farmacéutico jubilado hayan entendido que las agresiones pueden ser respondidas, aunque sea desde una lápida en la que (deseo fervorosamente) le hayan dejado sin enterrar el brazo con un orgulloso dedo corazón enhiesto.


4 comentarios:
Muy buena forma de acabar este texto. Un último párrafo de miedo.
No cabe más verdad, ni se puede decir mejor.
Enhorabuena.
Gracias. Estoy repasando la página de sucesos para ver a quién le miento los muertos en la próxima colaboración.
Un artículo espectacular. Leerle es disfrutar. Enhorabuena, y gracias.
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