12 / nov / 2012 - Antonio Soriano (@AsorianoGmez).
Volver a casa por Navidad te puede salir por un pico. En Navidad, en Semana Santa y en martes y trece. Con casi quinientos kilómetros de por medio, volver a la patria que me vio nacer se convierte en un auténtico quebradero de cabeza económicamente hablando. Sin disposición de coche, el avión, el tren o el bus se convierten en las principales opciones que se disponen ante mí.
Con incipiente promiscuidad me vendo, o mejor dicho, me subo al primero que pase por delante. Bueno al primero no, al más barato. Igual me da que sea fea, poco agraciada, con pelos en los sobacos, con una vista algo difusa o con un agradable olor a bulbo de allium sativum en una cavidad bucal incompleta, poco limpia y con claros indicios de vida extraterrestre. Es decir, que me voy con el más barato, independientemente de sus características.
Hace unas semanas decidí observar el escaparate. Llegué a pensar que me habían repudiado de mi tierra, que nadie quería que volviese. Una postura exagerada, sí, pero viendo los precios, cualquier cosa es de todo menos impensable. Cierto es que para una economía basada en los ahorros de un pasado mejor, todo es restar y nada es sumar.
Es como ir a comprar una camisa. Me encanta la de Springfield, la de Zara y la de Pull & Bear (por poner tres ejemplos de ‘neoboutiques’ de la clase media). Sin embargo, viendo el precio de la de Primark o la de Lefties, las demás dejan de agradarme por su diseño y originalidad y entran en escena la funcionalidad, la practicidad y la economicidad de las dos últimas. Y si me pongo a buscar en Internet, seguro que la encuentro más barata. Sí, se convierte en un obsesión sin necesidad total, pero si parcial, de serlo.
Bien, esa búsqueda me llevó hasta algo que no conocía y que en un principio me pareció algo insensato, arriesgado, peligroso, dirigido a hippies o a traficantes de órganos.
La sátira del intelectual bufón de la época romana, el poeta Juvenal, decía que “confiar en todos en insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza”.
Cuando me topé de frente con la web Bla bla car yo era, todavía lo soy, más torpe que el cirujano de Belén Esteban. Anteriormente conocida como Comuto, esta web acerca a los que van a viajar y a los que quieren viajar. Una red social donde los usuarios no buscan conocer que hacen sus amigos e interactuar con ellos, al menos no en un principio.
Se trata de una herramienta social que ayuda a ahorrarse unos cuantos euros en el combustible del coche, a viajar de una forma mucho más barata y a contribuir a un mundo menos contaminado.
¿Cómo funciona?
Muy fácil, los usuarios que van a realizar un viaje lo exponen en la web estableciendo las características del viaje, el lugar, la hora y las condiciones del vehículo. Por ejemplo, voy a viajar a un pequeño pueblo de La Mancha un miércoles a medianoche desde Madrid con el Ford Fiesta rojo que heredé de mi padre. Pues lo pongo en la web. Añado que hay disponible tres plazas, es decir, la mía y tres más. Aunque caben cinco, no cabe abusar de la bondad de la gente. El precio, 15 euros.
Por increíble que parezca, puede que haya alguien que coincida conmigo y quiera viajar a la España profunda un miércoles a esas horas. ¿El motivo? El mío volver a casa.
Pues bien, de esta manera volví a casa para el puente de todos los santos. El acojone inicial, la desconfianza, se disipó nada más entrar en el coche. Mi madre ya pensaba en el guión de la película protagonizada por Liam Nelson ‘Venganza’, aunque dudo que mi padre tenga las dotes que demuestra el actor en el film.
Por fortuna, mi primera experiencia con coche compartido ha sido con un embajador de esta práctica social. Jose, así se llama el conductor, lleva poco más de un año ofreciendo su coche en sus semanales desplazamientos Madrid-Valencia y viceversa. Afirma que se trata de una experiencia más que positiva que le invita a aprender cada día nuevas cosas. Se trata de una experiencia en la que el viaje es lo de menos. Aunque su nacimiento parte de una red social ubicada en Internet, al contrario que muchas otras, esta continúa dentro de un coche portador en una red de carreteras.
Las ideas preconcebidas o los prejuicios se rompen en el momento que llevas unos pocos kilómetros sobre la carretera. En este viaje conocí a alguien a quien su admiración por Luis Manuel Ferri Llopis puede ser motivo de acojone. A alguien que acababa de descubrir que para vivir no hay nada más sencillo que la sencillez. Y a alguien a quien su amor por los animales no le impide extrañar la perdida de instinto de los animales domésticos.
Llegué sano, salvo… sabiendo algo más y descubriendo que la confianza es la primera piedra de nuestros éxitos.
P.D. Luis Manuel Ferri Llopis es el nombre real del cantante valenciano Nino Bravo. Os dejo un vídeo donde Jose, el conductor del coche compartido, expresa su incondicionalidad hacia el cantante de un beso y una flor. Una rutina que cumple en todos sus viajes al entrar en la que es su tierra, es decir, "mi tierra".




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