Hace muy poco el debate sobre el futuro del periodismo se centraba en la muerte o no del papel. Pues bien, ahora, y con la crisis de por medio, como causa o justificación, el dilema debe ser sobre la muerte o no, pero del periodismo.
Hay semanas trágicas, y otras que lo son más. Ésta, por desgracia, cierra con un balance excesivamente negativo para el mundo del periodismo, la comunicación, y por su importancia social, también es negativa para la democracia. Cinco Días, ahora El País, parece que en el Grupo Prisa están de rebajas y los EREs son su mejor producto. Resumén: decenas de periodistas, ya saben, de esos que hacen periodismo, verán con sus huesos en la calle.
Mientras, decenas de empresarios y directivos, ya saben, de esos que no quieren que haya periodistas, mantienen sus despachos bien decorados con sus mesas de roble en cuya esquina ya les da hasta vergüenza tener los ejemplares de sus propios periódicos. Y es que, una realidad es bien palpable, con todo el respeto para los dignos trabajadores que quedan, por ejemplo, en Cinco Días, su edición en papel es simplemente lamentable. Cuatro hojas mal juntadas que dejan entrever una redacción muerta y ahogada por un trabajo que deberían llevar a cabo el triple de personas.
Que el periodismo se desangra no es noticia. Miles de redactores y trabajadores del sector están viendo como la crisis pasa por encima de ellos. Todos se rasgan las vestiduras, pero los que mantienen su escritorio ya no tienen fuerza para alzar la voz. Quedan muy pocos intocables, y eso se nota. Ser discrepante con tu medio es hoy en día un suicidio. Por eso, estos despidos se proclaman a los cuatro vientos, no hay miedo. Es más, sus directivos y consejeros se pasean por los lugares públicos para hablar sobre periodismo.
Ya casi da lo mismo si el papel vive o muere, porque el verdadero desastre es la muerte del periodismo. Pero no todos lloran su pérdida. Está claro que trabajadores y ciudadanos son quienes lamentan más su ausencia, pero en esta especie de tragedia griega, por desgracia, hay muchos que salen "ganando" con esto.
Políticos corruptos que no quieren tener notoriedad, empresarios cuyas cuentas de resultados son maquillas, y toda clase se "sobreros" de la sociedad para los que un periodista es el más incómodo de los auditores. De ahora en adelante todo serán comunicados, notas de prensa que indican lo bonitos que lo estamos haciendo, cayendo en beneficios, pero decimos que aumentamos ingresos... Construimos parques con un dinero que no se sabe de dónde viene... Financiamos proyectos de gente con nuestro mismo apellido...
El problema es que no habrá periodistas. Y los que haya, con la total pérdida de su capacidad como profesional, se verán amedrentados por sus jefes, y estos lo estarán, a su vez, por sus jefes superiores, y éstos vivirán con una mano delante y otra detrás para recibir de políticos y empresarios. Se juega con la expresión de que "sin periodistas no hay periodismo", pero lo miramos gracioso, preocupados, indiferentes, confusos, no sabemos cómo acabará todo esto, creemos que al final todo se solucionará. Pero la realidad es bien distinta. Ya no se trata un conflicto laboral de que se despidan o no periodistas, que en sí mismo es problemático, sino de que si muere el periodismo, la libertad de las personas queda en entredicho.




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