Irlanda, un color que lo significa todo

25 / jul / 2012 - Andrea Rullán (@_drews_).

Ya seas un enamorado de la naturaleza o bien no puedas sobrevivir sin el agitado ritmo urbanita; ya suspires por unas horas de relax o no comprendas tu vida sin el estrés de la ciudad; te guste la playa o la montaña, Irlanda te fascinará.

Una isla donde la tradición se fusiona con la modernidad; donde bares típicos conviven con las más modernas discotecas; la música callejera sigue pura e invariable en el tiempo. Donde la gente no ha perdido los valores y sin embargo, sabe reírse de si misma. Irlanda es aquél maravilloso lugar donde todo es posible; donde los sueños se cumplen y uno se siente insignificante ante el espectacular escenario de la salvaje y penetrante Madre Naturaleza.

De Irlanda emigró la familia que convertiría una pequeña colina californiana en la meca del cine: Hollywood. Aunque Irlanda no se queda atrás en cuanto a grandes producciones, y es que las elevadas montañas de Wicklow y sus grandes lagos, han sido testigos de la filmación de grandes mitos del cine. Películas que sin este espectacular paisaje nunca hubieran sido las mismas, cintas como ‘Braveheart’, ‘PD: Te quiero’ o ‘El Rey Arturo’ son algunos ejemplos de lo que esta gran isla de color esmeralda puede ofrecer.

Dublín es esa ciudad. Es LA Ciudad. Un pequeño rincón urbanizado, entre tanta bucólica estampa. Aunque tal vez, las prisas y el bullicio no sean lo que más definan a Dublín, una ciudad con puertas de colores, en la que cada esquina esconde una sonrisa y cada calle oculta un significado único. Un lugar donde la música callejera fluye a través de las guitarras y de jóvenes voces.

Dublín tiene algo, un espíritu que la hace diferente al resto de capitales europeas y sin embargo no ha perdido ese toque mágico que define a todas las capitales del viejo continente. Ya sea por la arquitectura, gótica y gris como el cielo cada mañana al llover, o ya sea por su particular empedrado, Dublín tiene ese jenesais quoi. Es romántica, jovial, alegre y sentimental. Una ciudad donde las cosas se van sucediendo sin que uno llegue realmente a percatarse de ello, tan despacio, con una tranquilidad sinigual… Dublín es la única ciudad donde todo deja de ser importante y las preocupaciones se alejan poco a poco. Un encanto imposible de encontrar en ninguna otra parte del mundo.

Puede que dos días sean suficientes para conocer Dublín y su esencia. Sin embargo, como mejor se descubre el alma de Irlanda es disfrutando de unas semanas en estas verdes tierras. Los irlandeses son distintos, extremadamente amables. Disfrutan con la bebida y puede que sufran de una ligera obsesión por las patatas y los vikingos... Tal vez la gastronomía no sea una de las especialidades del pueblo Éire, pero una buena cerveza Guinness puede solucionar una mala digestión. Y es que si Irlanda es conocida por algo más que por los leprechauns, las ovejas y los tréboles es por ser cuna de una de las más ricas y famosas cervezas negras. Creada por la mágica mano de Arthur Guinness en 1759, esta cerveza se ha convertido en icono de la nación.

Irlanda es así. Cerveza, ovejas, paisajes bucólicos y lluvia, mucha lluvia. Los días amanecen grises, amenazando tormenta y al final llueve, siempre sobre suelo mojado, aunque por un par de horas al día el sol siempre ofrece una tregua. Quizás, y solo quizás, si no suspiras con el olor a tierra mojada, Irlanda no sea tu país pero, ¿quién no disfruta de un paseo bajo la lluvia?

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