Philip Roth, el príncipe maldito

8 / jun / 2012 - Ana Costa (@mafalda_anac).

Esta semana, entre primas de riesgo y demás, nos ha llegado la sorpresa de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Philip Milton Roth. Las redes sociales ardían con la primicia, aunque muchos solo eran partícipes de la farsa del traje nuevo del emperador, porque en el fondo todo el mundo se preguntaba ¿Quién 'x' es Philipe Roth? Y sobretodo, ¿qué ha hecho este tipo para arrebatarle el premio al grandioso y exitoso Haruki Murakami?

Murakami lo tenía todo para ganar el premio. Discreto, tranquilo, silencioso, se sabía más popular en Europa que en su propio país, pero el autor de 'Crónica del pájaro' que da cuerda al mundo o 'Tokio blues', murió de éxito, esto es, lo dimos por ganador antes de que lo fuera. Pero, ¿por qué no ganó? Todo llegó con la publicación de su última novela, '1Q84', un éxito demasiado arrollador como para ser premiado con un relumbrante Príncipe de Asturias. El oriental europeo se tornó populista y popular y más de un millón de japoneses y dos millones de chinos y coreanos compraron su libro una semana después de su publicación.

Pero centrémonos en el merecido ganador. Sí, merecido, porque para ganar un premio literario no debes ser el mejor sino el candidato con el perfil más adecuado, y Philip Roth lo tiene. No olvidemos que no hay Príncipe de Asturias sin polémica y esta palabra acompaña a Philip Roth desde hace demasiado tiempo.

Nacido en 1933 en Estados Unidos, estudió Literatura Inglesa en Bucknell y Chicago, y ha ejercido la docencia en Iowa, Princeton y Pennsylvania. La actividad docente ocupó el tiempo de Roth hasta 1992, primero como profesor de escritura creativa y luego como maestro de literatura comparada.

Tras pasar dos años en el ejército de Estados Unidos, el autor se dedicó a escribir cuentos y críticas para diversas publicaciones y, en 1959, con 26 años, apareció su primera novela. Tiempo después, ese primer libro de relatos, titulado 'Goodbye, Columbus', reconocido con el prestigioso National Book Award.

Eterno candidato al Nobel de las Letras (parece que el Príncipe de Asturias sea el premio de consolación), es el único escritor vivo cuya obra edita en su totalidad The Library of America. En la los '90, Philip Roth ganó los principales premios literarios de Estados Unidos: el National Book Critics Circle Award (1987 y 1992), el Faulkner Award (1993 y 2000) y el National Book Award (1960 y 1995). En 1997 le concedieron el Pulitzer por la obra Pastoral americana y además obtuvo los premios Karel Capek (1994) y Franz Kafka (2001), de la República Checa. Entre los últimos galardones con los que ha sido reconocido destacan el Premio Médicis a la mejor novela extranjera (Francia, 2002), el Premio Sidewise para historias alternativas (Reino Unido, 2005) y el Premio Nabokov (EE.UU., 2006) y desde esta semana, puede presumir de ser premio Píncipe de Asturias.

Roth es un hombre acostumbrado a la polémica desde su primer libro. Casi podría decirse que la comunidad judía (a la que Roth pertenece, por si alguien no lo sabía) solo ahora, en su vejez, lo considera uno de sus autores favoritos, tras años de recelos por las críticas del escritor tanto a Israel como a toda la cultura judía.

Pero hay más. Pese a ser un autor reconocido tanto por el público como por la crítica y creador de obras en las que los dilemas morales están en el centro de la historia, los calificativos de misógino y sexópata han acompañado siempre a Roth, sin impedir que sea considerado por los americanos como uno de los grandes ( por no decir, uno de los nuestros). Sus lectores no se ponen de acuerdo sobre cuál puede ser considerada su mejor obra: 'La Pastoral americana' o 'La mancha humana', pero en lo que todos parece coincidir es precisamente en lo que ayer destacó el jurado: paso a paso, y depurando cada vez más su estilo, P. Roth ha ido convirtiéndose en el único candidato a seguir la estela de John Dos Passos o Scott Fitzgerald.

Nos encanta coronar a los cronistas de las sombras (más que luces) de una época, y esto Roth lo ha hecho como nadie, inspirándose en sus admirados Bashevis Singer o Saul Bellow, se ha erigido como el mayor y mejor exponente de una de las literaturas más poderosas del mundo, la americana, la desconocida, la pura, la sangrante, la descarnada, la deslenguada, la maldita.

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