Solter@s (En primavera) parte III

11 / abr / 2012 - Ana Andújar.

(Parte I)
(Parte II)

El piso era pequeño, pero con un saloncito lo suficientemente grande para que cupiera una mesa con siete sillas, un sofá del IKEA, una televisión con polvo, estanterías con libros, muchos libros, y otros muchos cd´s, vinilos, revistas, alguna planta, un par de fotos, y muchos diminutos cachivaches que poblaban cada rinconcito del salón que indudablemente, pertenecía a una chica.

Laura era una amiga de una amiga de Javi, y sin ningún pudor íbamos a meternos en mitad de una cena que tenía como excusa la llegada del buen tiempo, aunque justamente esa noche la humedad helara huesos... y flequillos. Cuando llegamos al piso y me miré al espejo de la entrada, todavía con las manos en los bolsillos y una vergüenza extrema, y mientras Javi entró a saco saludando a ladies and gentlemen, vi que mi pelo era un matojo del oeste sin domar, pelo púbico de Disco Stu, un horror sin somatizar que ya era demasiado tarde de esconder.

“Bueno, aquí está la belleza de la que te hablé: esta es Laura. ¿Quieres dejar de tocarte el pelo? Qué vanidoso has sido siempre...” Laura esquivó mi mirada furiosa dirigida al idiota de mi amigo, que bien podría haber encendido una vitrocerámica, y me dio un par de besos. “Hola, ¿entonces tú eres el corredor de seguros?”. Bien. Anécdota número uno jodida.

Laura era castaña, con una cara de niña que asustaba mirar, por parecer delito. Sus marcados mofletes se encuadraban en un pelo largo y un cuerpecillo delicado que se movía con nerviosismo. Parecía Dolores a veces, y Lolita otras, y ya empezaba a sentir el mismo calor que aquel atormentado Humbert, y me sorprendí a mi mismo en un centrifugado de escenas pornográficas, porque la visión de ese rostro tan inocente en posiciones enfermizamente sexuales hizo que necesitara pedir una cerveza con urgencia.

La cena trascurrió cordial, tranquila, a veces divertida y a veces forzada, como todas las cenas de desconocidos solteros que en el fondo están haciendo inventario de posibilidades de sexo a posteriori. Cuando las copas salieron a escena, aquella gente tan discreta, empezó a relatar toda clase de historias truculentas de parejas y no tanto. Por supuesto, empezaron las chicas, hablando de desastrosos ex novios, polvos en sitios extraños, tetas en la playa y algún que otro beso entre chicas, táctica que suelen usar, en mi opinión, para poner cachondos a los interlocutores y hacerles reaccionar con rapidez a su reclamo.

Laura callaba y se partía de risa, y aunque ella no era monologuista de ninguna de esas bizarradas, sus amigas hacían referencia a su persona, o a veces le daban un codazo cómplice, o un “¿verdad?” que decía mucho más que su silencio. ¿Sería Laura una guarrilla más? ¿Sería una ninfómana en un cuerpo de bailarina? Sea como fuere, tenía que hablar con ella a solas, buscar unos minutos para convencerme que todo el flujo sanguíneo que me rondaba los pantalones era consecuencia del picante...

En mi cabeza, la gente se empezaba a ir de fiesta, éramos un par de rezagados que nos enganchábamos a hablar sin fin... ”¿Vienes?” le dirían sus amigas. “Mmm... no. Me quedo recogiendo”. “Te ayudo”, le diría yo con total seguridad, mirándola a los ojos. Sus amigas se irían riéndose, Javi haciéndome gestos obscenos con la boca saliendo por la puerta, y por fin, Laura y yo solos. Quizás empezara a recoger las copas, evitando mi mirada que cada vez se volvía más fija en ella. Quizás le cogiera de la mano antes de llegar a la cocina, y le empezara a besar el cuello, a un todo o nada. Quizás ella se dejara hacer, tranquila por la mezcla de excitación y el gintonic. Nos tocaríamos locos de deseo, nos besaríamos con tanta saliva que la lengua se nos hincharía, le metería la mano bajo el vestido, ella abriría las piernas permitiéndome el paso, de pie contra el marco de la puerta...

“¡Venga cojones, que nos vamos! Tío, ¿estás empalmado o qué?”. Y si no, al menos aprendería una lección, a no salir con Javi nunca más.

FINAL

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