30 / abr / 2012 - Raúl Masa (@raulmasa).
Casi con total seguridad puedo decir que este será el texto más leído de SHdC esta semana. Si no es el más leído, al menos será en el que haya hecho click un mayor número de personas. Y todo porque en el título lleva un par de palabras de esas que nos siguen provocando una sonrisilla medio indiscreta: penes y vaginas.
Tranquilo impaciente lector, no dejes de leer, que esto no es ningún juego, realmente voy a hablar de penes y vaginas. Lo haré desde la sorpresa que me he llevado al enterarme de que hace poco más de 70 años te podían llevar a la cárcel en EEUU por tener sexo oral con una mujer, incluso dentro del santo matrimonio.
Aunque bueno, a la cabeza se me vienen discursos como el del Obispo de Alcalá de Henares, que tachan a los homosexuales como enfermos, y me doy cuenta de que en realidad hemos avanzado muy poco.
El asunto que tengo entre manos, y que nadie piense mal, porque estoy tecleando, tiene que ver con el papel que juega la sexualidad humana en nuestra sociedad, y si verdaderamente hemos avanzado.
Esta sexual y angosta reflexión me viene a la mente tras ver la película sobre la vida de Alfred Kinsey. Científico, biólogo, y posteriormente sexólogo que vivió en EEUU en la primera parte del siglo XX, y que tras darse cuenta que estudiar bichitos era muy aburrido, decidió estudiar los comportamientos sexuales de la sociedad americana en su conjunto.
Antes de seguir, recomiendo ver la película, ‘Kinsey’, así como el documental que aborda su vida y obra. Sin duda dejará a más de uno con la boca abierta. Y es que, durante las miles de entrevistas que desarrollo el profesor Kinsey a cientos de personas, con el fin de hacer comprender a la sociedad que el sexo no era algo “malo”, se encontró con decenas de mujeres que no sabían lo que era el clítoris, tener un orgasmo, o incluso, algunas, que no sabían lo que era el pene.
Bien es cierto que hay que retrotraerse a los años ’30 y ’40, pero no deja de ser sorprendente el grado de incultura sexual que siempre ha habido. No hace falta buscar a los culpables. Una sociedad abotargada, unido a las clases dirigentes gobernantes que son movidas por la moral religiosa, han tenido secuestrada a muchas generaciones al amparo de que el sexo era “malo”, y que practicarlo te llevaría al infierno.
Ahora bien, pasados 70 años, en el siglo XXI y con Internet y el conocimiento infinito al alcance de todos, ¿podemos decir que los jóvenes, y no tan jóvenes, conocen bien la sexualidad? Sí, follar, tocar tetas y culos ya saben hasta los niños de comunión, pero sabría alguien, sobre todo del género masculino, decir qué es la vagina…
Error, no es el órgano genital femenino, es parte de él.
Pues a esto me refiero, quizás hayamos avanzado mucho, quizás la homosexualidad no sea mirada como una extrañeza, o al menos lo aparentamos, puede que “sepamos” más, ¿pero realmente hemos alcanzado un mayor conocimiento en lo que al sexo se refiere?
Oímos hablar mucho de sexo. Encuestas, estadísticas. El sexo se ha trivializado. Ya no somos la sociedad puritana de los años ’30. No hay problemas en hablar sobre el sexo, la sexualidad y sus orientaciones. Gustos, colores, formas y tamaños están en todas las conversaciones. ¿Pero hay realmente un conocimiento formal?
La gran preocupación Alfred Kinsey durante toda su vida fue que la ignorancia y las tapias morales no dejasen ver la profundidad del sexo y su normalidad y diversidad entre hombres y mujeres. Ahora eso ya no existe, pero quizás hayamos sustituido un tipo de ignorancia por otra y sigamos sin ver el sexo como lo que es, solo sexo.
Tranquilo impaciente lector, no dejes de leer, que esto no es ningún juego, realmente voy a hablar de penes y vaginas. Lo haré desde la sorpresa que me he llevado al enterarme de que hace poco más de 70 años te podían llevar a la cárcel en EEUU por tener sexo oral con una mujer, incluso dentro del santo matrimonio.
Aunque bueno, a la cabeza se me vienen discursos como el del Obispo de Alcalá de Henares, que tachan a los homosexuales como enfermos, y me doy cuenta de que en realidad hemos avanzado muy poco.
El asunto que tengo entre manos, y que nadie piense mal, porque estoy tecleando, tiene que ver con el papel que juega la sexualidad humana en nuestra sociedad, y si verdaderamente hemos avanzado.
Esta sexual y angosta reflexión me viene a la mente tras ver la película sobre la vida de Alfred Kinsey. Científico, biólogo, y posteriormente sexólogo que vivió en EEUU en la primera parte del siglo XX, y que tras darse cuenta que estudiar bichitos era muy aburrido, decidió estudiar los comportamientos sexuales de la sociedad americana en su conjunto.
Antes de seguir, recomiendo ver la película, ‘Kinsey’, así como el documental que aborda su vida y obra. Sin duda dejará a más de uno con la boca abierta. Y es que, durante las miles de entrevistas que desarrollo el profesor Kinsey a cientos de personas, con el fin de hacer comprender a la sociedad que el sexo no era algo “malo”, se encontró con decenas de mujeres que no sabían lo que era el clítoris, tener un orgasmo, o incluso, algunas, que no sabían lo que era el pene.
Ahora bien, pasados 70 años, en el siglo XXI y con Internet y el conocimiento infinito al alcance de todos, ¿podemos decir que los jóvenes, y no tan jóvenes, conocen bien la sexualidad? Sí, follar, tocar tetas y culos ya saben hasta los niños de comunión, pero sabría alguien, sobre todo del género masculino, decir qué es la vagina…
Error, no es el órgano genital femenino, es parte de él.
Pues a esto me refiero, quizás hayamos avanzado mucho, quizás la homosexualidad no sea mirada como una extrañeza, o al menos lo aparentamos, puede que “sepamos” más, ¿pero realmente hemos alcanzado un mayor conocimiento en lo que al sexo se refiere?
Oímos hablar mucho de sexo. Encuestas, estadísticas. El sexo se ha trivializado. Ya no somos la sociedad puritana de los años ’30. No hay problemas en hablar sobre el sexo, la sexualidad y sus orientaciones. Gustos, colores, formas y tamaños están en todas las conversaciones. ¿Pero hay realmente un conocimiento formal?
La gran preocupación Alfred Kinsey durante toda su vida fue que la ignorancia y las tapias morales no dejasen ver la profundidad del sexo y su normalidad y diversidad entre hombres y mujeres. Ahora eso ya no existe, pero quizás hayamos sustituido un tipo de ignorancia por otra y sigamos sin ver el sexo como lo que es, solo sexo.


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